
Escribía una amiga en las redes sociales lo siguiente: “En mi casa tengo 4 cubos de basura: (cristal, orgánico, papel y plástico) No me cabe ninguno más. Si has votado a VOX, o has pensado en hacerlo, simplemente, elimíname de tus contactos. Ni tengo espacio para más cubos de basura, ni creo que seas reciclable”.
Esto de considerarnos moralmente superiores a tenor de nuestras ideas, nos asemeja bastante a los que censuramos o situamos en el extremo “malo” del espectro.
Personalmente no les he votado, procuro alejarme de los “ismos”. Sin embargo ningún ser humano es mi enemigo porque sus convicciones políticas, religiosas o filosóficas sean distintas a las mías.
Vicktor Frankl en “El hombre en busca de sentido”, decía que los seres humanos tan sólo se dividen en dos grupos: el de las personas decentes y el de las personas indecentes, y que estos se entremezclan en todos los grupos, partidos, razas, religiones y clases sociales. Ningún grupo tiene el monopolio de la bondad o de la maldad.