Esta “Sra”, que siempre está clamando por la libertad de expresión aprovecha esa libertad para injuriar de la forma más ruin y vergonzosa; esta “Sra”, que tanto ha abogado en defensa de los toros, ataca tan ciegamente como el cornúpeta, con la misma ira y el mismo furor, pero con la inteligencia y maldad del ser humano lo que la hace más peligrosa en su insultante verborrea; esta “Sra”, que desde siempre está hablando de no sé qué anónimos, con sus palabras, aunque las firme, puede hacer más daño que todos los papeles sin firmar que se puedan repartir.
Esta “Sra”, cuyo mayor y constante empeño es desprestigiar el pueblo donde vive, los mejores adjetivos que dedica a sus habitantes son los de ignorantes, corruptos, analfabetos, vendidos y no sé cuantas injurias más que un día podrían llevarla a ser denunciada. Para comprobar su exquisito vocabulario barriobajero no hay más que ir a la hemeroteca de este digital donde todo queda grabado.
Si yo quisiera darle algunos consejos (que no quiero por no merecer la pena), le diría que salga a la calle aunque sea disfrazada para no ser reconocida y tener que soportar algún abucheo; le diría que salga a que le dé el sol que es la mejor medicina para espantar la niebla ruin que nos ensucia el alma cuando nos asaltan ideas tan mezquinas como las que a ella le corroen las tripas; que haga amistades y se relacione, que las gentes no son tan malas como ella las pinta, y pueden ayudarla a llevar una vida más normal que ese quijotismo femenino que ha adoptado, y que como al orate caballero andante no le trae más que vapuleos verbales.
¿A qué viene citar a miembros de una familia cuando ella misma tanto criticó cuando alguien lo hacía? ¿a qué viene preguntar si la hija del Sr. Doblas es concejala si lo sabe perfectamente? ¿será la innegable decepción sufrida de que no sea la suya la que ocupe un cargo en el ayuntamiento? Sería deseable que repasara todos sus escritos anteriores porque cae con demasiada frecuencia en aquello de “donde digo digo, digo Diego.
Esta Sra, que dice no insultar a nadie, cada palabra suya es un insulto revestido de una pretendida ironía, cuya ciencia no domina en absoluto, haciéndola maliciosa y vulgar. Muchas espinas han debido clavarle allá de donde venga, y aquí quiere sacárselas todas clavándoselas a los demás sin discernimiento alguno, sea político, apolítico o bombero.
En el pueblo donde se vive, entre el vecindario de un bloque compartido, en el lugar de trabajo o en cualquiera de esos lugares donde hemos de relacionarnos con los demás, se puede ser más o menos querido; se nos puede evitar o incluso ignorarnos totalmente. Pero cuando comenzamos a ser indeseables para el resto de la comunidad, cuando se nos dice tan claramente ciertas carencias en nuestra educación es que nuestro comportamiento para con los demás no es el más correcto. Y eso se traduce en los adjetivos que continuamente recibe esta “Sra”, y en el expreso deseo de que se vaya de un pueblo en el tan a disgusto se siente, y en el que parece que se esconda ya que nadie tiene el gusto (o el disgusto) de conocerla.
Si en algún momento se la respetaba por su actitud crítica hacia ciertos hechos que ella creía criticables; si se le prestaba atención a sus escritos por creerla ecuánime en sus juicios y justa en sus criterios, la imagen verbal que viene dando desde hace tiempo corresponde más a los peores seudo periodistas que mantienen viva la nefasta prensa rosa que nos inundan las casas con basura tóxica y maloliente.
El Sr. Doblas (a quien esta “Sra” seguramente ni conoce), tiene muchísimos amigos que lo aprecian y respetan, que lo apoyan incondicionalmente por creerlo un hombre cabal, honrado y trabajador, como lo son todos los miembros de su familia. Y si todos estos amigos que lo quieren no contestan a los desafueros de esta “Sra” es porque son más respetuosos que ella. Pero poco a poco sí están saliendo quienes le piden a esta “Sra”, más comedimiento en sus críticas y mucho más respeto a las personas a las que se dirige. Yo ya le dije una vez que si tiene alguna acusación firme y concreta contra alguien, los juzgados están siempre dispuestos a recibir cualquier tipo de denuncias porque justamente están para velar por el cumplimiento de las leyes, o simplemente decirlas a la cara. Pero arrojar palabras insidiosas y ofensivas contra alguien desde la cobarde impunidad de un ordenador nos es digno de ninguna persona que, además, se tiene por un dechado de prudencia y objetividad. Sencillamente lamentable. Paco Acosta |