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Relatos de “el Mono de Atala -Porque lo viví lo escribo-
El equipo de Mingo: Asombro, niñez y fútbol
| | Cuentos y relatos globales. 08.09.19 | | *Fútbol: seis letras, una palabra, un mundo, una pasión, un sentimiento, una ilusión…mi ilusión…Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Algunas historias son fáciles de escribir, salen de un tiro. Otras, en cambio, son demasiado complejas, escurridizas, inabordables, duras, espinosas. Esta, nace a partir de una imagen, de una fotografía que me encontré por ahí… cargada de sentimiento…Y yo la he llamado: “El equipo de Mingo”, conocido también como “el equipo de la Calle del Repaso”, aquel que todas las tardes, en la esquina de su casa como gradería, nos reunía y bajo su dirección, empezábamos a dar de patadas a un balón de cuero número tres que él nos prestaba y que inflábamos con la boca. Fue Mingo Coronell, quien para entonces viviera en casa que después fue de Mateo Higgins, quien primero viera absorto las jugadas de lujo de “Jose el de Anacolia”, quien viera mis primeras estiradas de palo a palo como portero, quien viera la marca férrea de “el Bombón”, la buena conducción de la pelota en los pies de Surí, la eficiente suplencia que de mí hacía Galo el del Conchita cuando yo no iba; los pases de “la Golera” para que otro metiese el gol como con la mano, los cabezazos de Pedrito Alba, las asistencias de Sofanor Vargas, las paredes de toque-toque entre Juan Edgardo Molina y Gustavo, el hijo de Mingo, el problema resuelto si faltaban jugadores metiendo al “Choyo”, a Romelio, a Arecio, el de Gastón, a Eduardo el “ Merocho”, a Edison el de Simón, a Jaime el de Josefa, a Juancho el de Ana y a Nianito y “el Indio”, los hijos de Feliciana…La historia nunca lo explicará, pero la Calle del Repaso o el equipo de Mingo, era imbatible… Imágenes que ahora trato de encadenar para armar esta trama y contarla… Historia que sólo yo conozco…Historia hecha voz…hecha asombro… | La arenosa Calle del Repaso, fue nuestra cancha o estadio echando mano a un par de piedras para marcar las porterías, contando con que el señor Augusto tuviese siempre la marea baja y si el balón caía en el patio de su casa, nos lo devolviera. Claro, en algunos tardes esto no ocurría y hasta allí llegaba el partido porque se lo devolvía a Mingo al día siguiente… Y allí, de nuevo, la tarde siguiente, otra vez el asombro: el balón no había sido macheteado por el vecino a quien no le gustaba el fútbol y, detrás de su redondez de cuero, en un nuevo lance, con nosotros, el balón de la felicidad, el balón de tardes con cielos que no se cerraban hasta que Dios nos viera jugar para no ignorar nuestra dicha. Esta historia va y viene como el balón con que para ese tiempo jugábamos, con intermedios de faltas que Mingo, haciendo de árbitro, pitaba; con estaciones ordenadas por él con un “tomen agua pelaos, descansen quince minutos y vuelven”…!Qué efímero es el tiempo! ¡Qué malo! ¡Qué malvado!...Hoy, Mingo ya no está y la calle es un duro pavimento carente de pelaos que en ella jueguen…Y entonces el pasado da origen a esta historia que se fue con la corriente de un aguacero por el recordado “Chorro de Brígida”…Y tengo la idea de que eso apenas fue ayer… Acudo a mi catálogo de recuerdos y, por lo tanto, escribo. Escribo del pie que sin zapato pateara el balón de Mingo… escribo de la ausencia de Bartolo viéndonos jugar sentado a la puerta de su cas sentado en un taburete, escribo del penalti que le tapé a Gustavo Rojas cuando enfrentamos a la Calle Nueva y les ganamos 6 a 0 con cinco goles de Jose…La historia cuando se escribe con alma de niño, no tiene límites…Y, vuelvo de adulto a la Calle del Repaso y allí están aún los fantasmas del pasado que jugaron fútbol…voces lejanas y cercanas de “ponla”, “vete por la derecha”, dale con la zurda”…Y el grito inmortal de ¡Goooooooooooooolllllllll! Y entonces el pasado es hoy…Cómo no contar estas cosas, cosas que ahora son viejas en mi afán de escritor… En los nombres citados están entrecruzados los hilos de esta historia cosiendo después cada quien su destino. Dimos cada quien los doce pasos rumbo al cobro del penalti de la vida. Algunos nos los tapó el portero, otros fueron gol, y otros se desperdiciaron…Es la vida en el desvarío de lo gozoso y doloroso…Es la vida en su sentencia: “No te harás a partir de victorias fáciles, sino a partir de grandes derrotas". La lluvia no nos detuvo; con lluvia jugábamos. El calor no nos detuvo; con calor jugábamos…Pero ahora no estoy del todo seguro si lo he escrito todo, en fin de cuentas, en el asombro de la niñez, puedo afirmar que para tal tiempo, los miembros del equipo de Mingo, profesamos y tuvimos un mismo comportamiento, un mismo sacrificio, una misma creencia y una misma e igual religión: el fútbol… Y debía ser así, nuestro mundo era tan redondo como el balón que Mingo nos prestaba y divagábamos en una esquina donde todo era fútbol…Muchos hombres viven y mueren sin religión ninguna, nosotros, en cambio, tuvimos una: el fútbol atravesado en el corazón… recuerdo alegre, bello y plácido que ocupó la sencillez trivial de un mundo lleno de sueños….Muchos hombres ni recuerdos tienen, los acompaña una soledad de imposibles…Perdieron el partido de la vida… Mingo sabía de fútbol, sabía detectar el talento, las condiciones, la predisposición…Pero no sabía de la ausencia que un día seríamos y que los años nos llevan a jugar otro partido dejando escuálida nuestra calle inderrotable. En las dimensiones de aquel pueblo lejano, se alza la cabeza, se aguza la vista y ahora, de cabellos canos y grises, es cuando uno se da cuenta cuánta agua ha salido por las gárgolas de la iglesia y el sol viejo de las cuatro de la tarde espera en la Calle del Repaso al equipo de Mingo, y allí la misma esquina desde donde el partido se veía mejor…Se ve vacía, se ve distinta…Como haciéndole caso a su propia nostalgia. Con Mingo era sencillo hablar de todas las cosas; en especial de fútbol…pero qué pesar: Mingo no tiene una tumba en el pueblo para visitarlo y con él conversar de eso; de fútbol por diez años…Como tocando con él la pelota, en cortico y hacia atrás en el tiempo, o hacia adelante, encarando y gambeteando al rival como lo hacía “el Panadero” en el Verónica, o con cortes de primera a lo “Nando Corro”, o metiendo el pie fuerte tal lo hacía José Tomás en la defensa… Algunas historias son fáciles de escribir, salen de un tiro…y con un nudo en la garganta… |
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