El lector de Alhaurín.com se habrá preguntado por qué me cita don Caravias como mi "tío riñonero". Como tira la piedra y esconde la mano, por deferencia supongo, seré yo quien explique el dilema existencial, sencillo en sí mismo: Estoy trasplantado de riñón y una sobrina carnal suya, de don Caravias por casualidades de la vida, tiene el otro riñón de la persona que me lo donó a mí. Osea, mi "hermana de riñón" es su sobrina, luego yo soy "sobrino riñonero" de don Caravias.
Sólo hay un pequeño fallo: mi riñón trasplantado, que no el de su sobrina, dejó de funcionar en mayo último y ahora, para poder vivir, estoy enchufado a una máquina de hemodiálisis. Sesiones de cuatro horas y medias en dias alternos: uno sí y otro no, en las que me filtran la sangre hasta que llegue, si llega, un nuevo trasplante. Amén.
Dicho esto, contesto a la pregunta de mi tío Caravias sobre cuál es mi ocupación actual, y la respuesta es muy sencilla: voy a diálisis, y cuando no estoy en ella sorbiendo bocanadas de vida a golpe de bomba y dializador, pues me toco los co...nocimientos, intentando agrandarlos y abrillantarlos con alguna lectura interesante, una escritura macarrónica ó algún amago de investigación. De esas que deberían hacer los chicos de la oposición pero que no la hacen porque no les sale de los co...nocimientos. Los suyos de ellos, claro.
Aclarado el tema, decir a mi pseudo-tío-riñonero que cuando gane el PP, que ganará aunque no sé cuando, yo mismo le pago si quiere el pasaje a Cuba, "sólo ó en compañía de otros", para que se quede allí de por vida, que los cubanos tienen unas fiambreras estupendas, lástima que no tengan nada para meter en ellas... excepto mucha cultura y mucha hambre... de libertad entre otras cosas.
¡Ah! Lo de "rojuelos escocíos", no es más que una versión provocadora, una hipérbole o exageración, del nombre del grupo musical "mojinos escocíos", sin ningún otro interés gramatical y/o cultural que hacer saltar unas cuantas chispas de quienes no tienen el humor como símbolo de talante e inteligencia.
Don caravias, querido tío mío: me ha gustado su forma indirecta y circunstancial de afirmar que despido un "tufillo derecho-fascista que ya huele". Pura reiteración de obviedades: si hay tufillo, tiene que oler. Y si soy fascista, debo ser de derechas. Excepto que fuera Fidel Castro, que es fascista y pasado de rosca por la izquierda. Y es obvio que no lo soy, porque si no yo no sería su sobrino, sino el cascarrabias hermano del golfista (de golfo y de golf) Raúl Castro, y estaría luciendo un chándal de los chinos para que mi pueblo me siga adorando mientras guardo mis dineros fuera de la isla a buen recaudo. Que para eso será el más rico de todos los cementerios cubanos y parte del extranjero.
Aparte de nuestro "parentesco", sólo me permite respetar sus ideas sobre Cuba dos circunstancias circunstanciales, valga la redundancia redundante: mi educación, que nunca falte aunque despotrique a veces, y el hecho de que usted NO HA ESTADO NUNCA EN CUBA. Si los famosos "viajes astrales" fueren posibles, le llevaría de la manita a hablar con cubanos... en Cuba. Y por supuesto que encontrará incondicionales de Fidel y sus secuaces, faltaría más. Recuerde que Franco reunía en la Plaza de Oriente UN MILLON (decían entonces) de los suyos. De él. Y bastó que desapareciera, para que sus acérrimos defensores quedaran en simples cifras testimoniales, como los que defienden todavía el comunismo y otros regímenes políticos radicales tan respetables como trasnochados e inútiles.
No sólo ustedes, querido tío, han sufrido las burricies de un dictador. Yo también tuve el mío. Un dictador elegido democráticamente y que me hundió la vida hasta que la tensión me estropeó los riñones y me enganchó a una máquina de diálisis hace años.
Pero no te preocupes, tío riñonero. Fidel se morirá tarde ó temprano, el bloqueo se levantará, y los cubanos se echarán en manos del asqueroso capitalismo, el grasiento Burguer King y la imperia-lista Coca Cola. No hay mal que cien años dure. Ni siquiera mi propio dictador. Y tú y yo que lo veamos. Tu sobrino con todo cariño, Juan Carlos. |