Estos apaños chapuceros, pensados para capear molestos problemas ambientales (que obstaculizan los brillantes planes de desarrollo) nos resultan muy familiares a los vecinos de Alhaurín de la Torre. Sobre todo visto el implacable avance de la “restauración” de nuestra sierra de este verano que sigue destruyéndose al ritmo de 100 camiones por hora día tras día. Mientras que las empresas favorecidas con las prebendas de la Administración (tanto Junta como Ayuntamiento en nuestro caso) se lucran con la devastación de uno de las zonas más interesantes desde el punto de vista ecológico y paisajístico de la provincia de Málaga, la Sierra de Mijas, los ciudadanos nos tragamos el polvo y la indignación de ver cómo el poder político todopoderoso burla cualquier decisión judicial que pueda perjudicar sus intereses. Y nuestros eficientes representantes políticos, una vez elaborado un plan que permite continuar diez años más (con el pretexto de cara al público de la restauración) con el mismo volumen de extracción de áridos con el que se ha destruido la sierra los últimos 30 años, consideran el problema como resuelto con la esperanza de que los jueces no les molesten con sus exigencias de legalidad etc.
La solución definitiva al tema de las canteras es ciertamente compleja pero no imposible. Y sería esperable que la administración “competente” elaborara seriamente un plan minero a nivel regional a largo plazo.
Primero habría que estimar cuánta construcción se va a tolerar en el futuro próximo en función de la capacidad de nuestro entorno de absorber el impacto que esta actividad (por otra parte necesaria) provoca. Impacto no ya sólo ecológico (que también) sino sobre los recursos hídricos, potencial turístico (demasiado cemento es disuasorio) etc. Una vez estimado el volumen de árido que se va a demandar en el futuro de forma sostenible, se debería organizar el abastecimiento. Primero imponiendo la obligatoriedad de reciclar todos los escombros de la construcción (a través de una concesión administrativa como ocurre, por ejemplo, en Cataluña) que, debidamente tratados, pueden reutilizarse para funciones análogas disminuyendo así la demanda de árido virgen. Por último habría que distribuir racionalmente por todo el territorio regional la ubicación de las canteras que abastezcan la demanda que falte por cubrir. Esta distribución racional tiene que cumplir los requisitos elementales de distancia mínima a zonas urbanas y no afectación de áreas de interés ecológico. Como todo el mundo sabe, ninguno de estos requisitos se cumple en las salvajes explotaciones que esquilman irregularmente nuestros montes.
Todo este trabajo, realizado con tiempo suficiente (como por ejemplo el que ha transcurrido desde la sentencia del TSJA que determinó en octubre/2005 la clandestinidad de las explotaciones) permitiría la adecuada reorganización de los puestos de trabajo que, en tanto que necesarios para la demanda de la construcción no son prescindibles, y se requerirían para las nuevas plantas de reciclado y su distribución, así como para el mantenimiento de la extracción y distribución en las canteras que se pusieran en funcionamiento. En fin, una reconversión seria del sector. Para esto cobran los políticos.
Pero no. Todo seguirá igual. Hasta que haya una nueva sentencia judicial que paralice la extracción (que la habrá dadas las numerosas irregularidades que se han tenido que cometer en este asunto puesto que el objetivo era que no se parara la explotación bajo ningún concepto). Y entonces todo serán lamentos. Y acusaciones contra aquellos ecologistas irresponsables de la PDSS que sólo piensan en oponerse al progreso. Y nuestros demagogos profesionales nos recordarán a los ignorantes ciudadanos la importancia del sector de la construcción en la economía nacional, los puestos de trabajo en juego etc. Y nadie se acordará del tiempo que estos demagogos han perdido inaugurando preciosas rotondas o “trasplantando” praderas de Posidonia a las zonas del litoral en las que deberían haber crecido si no fueran tontas. Tiempo que no se ha invertido en la búsqueda de soluciones serias, responsables y sostenibles.
Pero los volveremos a votar una y otra vez. |