Entre tanto asunto importante que veo suelto, quiero llamar la atención sobre dos asuntos menores, no carentes de interés. El primero estuvo a punto de producir un accidente grave la pasada noche: junto a la rotonda de las canteras en Viña Grande hay un paso de peatones, o con la falta de luz del crepúsculo y la ausencia de pintura, se lo imagina uno; no obstante, dos intrépidos viandantes se disponían a pasarlo y nosotros a cederles el paso. Detrás nuestro venía un coche a velocidad notable que no se percató ni de que nosotros frenamos, ni de los peatones que se disponían a cruzar y que se quedaron tan pasmados como nosotros esperando lo peor, ni del invisible paso de cebra. Yo escribo esto pensando que alguien del ayuntamiento lo leerá y mandará repintar este y muchos otros de los pasos de cebra desteñidos que hay en el pueblo, no estaría mal.
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El otro asunto, es el de las caquitas de perro que siembran nuestras aceras y jardines. ¿Hay alguien en este municipio a quien se le haya puesto una multa por “abandonar” reiteradamente, como si no fuera suya, la caca de su perro y la haya pagado? Sería una buena manera de incrementar el patrimonio de las arcas públicas. La educación y el no querer molestar al resto de sus convecinos, debiera ser motivo suficiente para mover la conciencia de todo dueño de perro, pero como el bien de la educación y la conciencia no está siempre presente, algo deben hacer las autoridades para impulsar el desarrollo del civismo ciudadano.
“Civismo”: comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública.
El verano pronto llegará a su fin, podremos cerrar las ventanas por las noches y descansar durante algunos meses del concierto de ladridos de perro a los que muy pocos tienen la consideración de encerrar durante la noche, tendremos ocasión de descansar también de la música y altavoces de nuestros vecinos, a los que por fuerza el frío arrastrará al interior de sus viviendas, llevándoselos con la música a otra parte. Ah! bendito silencio, bendito invierno… |