 Ahora, que nos estamos volviendo hacia la Naturaleza más por interés que por vocación, ya que perdimos el norte y olvidamos lo que debíamos tener más cerca y más en cuenta, volvemos a sufrir en nuestras carnes y hasta en nuetra inteligencia los desmanes de los debates. La Naturaleza marca la diferencia y nos marca las diferencias, pero, una vez más, las élites nos las corrigen estableciendo y estabulando las desigualdades. La libertad de los liberales no es la libertad de todos los demás, sino una libertad-traje hecha a medida de unos pocos. A los demás se los puede comer el frío por los cuatro costados. En nuestros años jóvenes, nos contó un amigo, que en los países del Este de Europa, unos turistas españoles, compañeros de viaje, se pusieron a despotricar de los países “socialistas”, con razones pero con ciertos modales, y nuestro amigo les tuvo que decir si habían pensado que Marruecos era un país capitalista. Y de la India ni hablamos. |
Cuando hablamos de política o, mejor dicho, cuando los políticos nos hablan de política, nos entra el demonio del politiqueo por dentro y no nos deja ni a sol ni a sombra. Se trata del poder que tiene el Poder para inquietarnos, como si no tuviéramos bastante con lo nuestro, con lo nuestro de cada día. Como si nos hicieran un favor, se nos ofrecen debates por todos sitios. El personal interesado considera que no nos basta con tertulias o con coloquios, donde cada uno expone sus razones y hasta escucha las de los demás. Los argumentos no solo se escuchan sino que, también se respetan. Como les decía un compañero a sus alumnos de la Segunda Etapa de la extinta E.G.B. con los que hacía coloquios: “Además de aprender a hablar en público, aprendemos a escuchar y a respetar lo que piensan y dicen los demás. Aquí, el coloquio es vuestro y podemos ver cómo está la calle y hablamos sin ningún tipo de censura. No pretendemos vender nada y, por tanto, no esperéis de mí que diga la última palabra”. El maestro tenía claro que se trataba de educar y no de adoctrinar. Podemos ver que los debates tienen en sus entrañas un paradigma de competición más que de competencia y no se respetan, para colmo y por añadidura, las mínimas normas de una escucha tranquila aunque sea activa. Podemos ver cómo se intenta meter ruido, para que los argumentos del otro, considerado contrario más que nunca, no puedan ser escuchados por nadie, porque, si se hace bruscamente, se saca un plus de rentabilidad política, que ya viene sazonada con la educación mediática del público que ha optado por los cotilleos y no por los diálogos, y así se ha conformado un nuevo “espíritu” que podemos llamar nacional, porque se cotillea mucho, pero se dialoga poco. La Naturaleza nos ofrece un rico panorama de diversidad y si no fuera porque la humanidad ha sido demasiado inquieta, aquí no nos habríamos enterado ni de que existían las patatas. La Naturaleza con su diversidad nos abre los ojos y nos educa la mirada, nos alegra los oídos y nos educa la escucha, nos mueve la lengua y nos educa el gusto, nos ofrece los olores y aprendemos a diferenciar cuándo huele a chamusquina... Así, con la diversidad a nuestro servicio aprendemos a saber discriminar todo lo que se nos acerca y aprendemos que “no todo el monte es orégano” ni que vivimos en un ameno jardín. Ya nos lo dijo Fray Benito Feijóo: “Pureza es pobreza”. Lo que no nos dijeron nunca es que una sección de la diversidad se podría prostituir y convertirse en perversidad, que, entendiendo mal la pureza de lo español, arremetiera con esos modos y modales, que estamos contemplando constantemente en los debates que se nos ofrecen, cuando unos tratan solo de entorpecer y apagar los argumentos de los otros. En el imaginario de todas esas disidencias y atropellos no falta, por lo menos, la herida que dejó abierta el abandono de las armas por parte de ETA, que les cayó muy mal a muchos conciudadanos, porque tenían que ser ellos y nadie más que ellos quienes se colgaran la medalla política y mediática. Nunca han cejado y se han dedicado a entorpecer cualquier apertura que nos calmara en el futuro, como todavía se está viendo, desde que estaban en contra del Estatuto Catalán y que han hecho un gran favor al independentismo y un flaco favor a la democracia y al entendimiento y al consenso. La ceguera que produce el sol del poder impide a muchos abrir los ojos a otra realidad que se les pueda presentar y les hace perder la compostura, porque de casta les viene a los privilegiados. José María |