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Crónicas del otro “Macondo” -Historias para ganarle al olvido-
“El Mono de Atala”
| | Cuentos y relatos globales. 07.04.19 | | Eran los días de las puntuales golondrinas de abril*¡Cuando retornes no olvides mi casa, golondrina que emigras! (Kobayashi Issa. Escritor y poeta japonés) Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- A finales de marzo y con algunos días de anticipación, llegaban al pueblo, procedentes de algún lugar del mundo, las puntuales golondrinas de abril que, en bandadas, por las tardes se posaban en fila sobre el alambre del telégrafo. “Buscan verano y les huyen al invierno- decía la gente… Cuando el día amanecía, alzando el vuelo, no quedaba ninguna golondrina en el tendido y, de nuevo regresarían al atardecer trayendo en sus alas el aroma de las flores lejanas y una canción de bulla en sus picos. Yo quería contarlas; eran muchas, y cuando iba por 39, perdía la cuenta. Todas, como acontecía a mis compañeros y a mí en el salón de clases de mi escuela primaria, cabían apretujadas en la cuerda de cobre…Eran oscuras y al oler la lluvia escapaban cuando la caída de una nube vuelta lluvia se volvía inminente y, entonces, se resguardaban sin aspaviento alguno en los alares de las casas, debajo de las cornisas o en el fondo de los caballetes escapando de la alegre y precisa voz infantil que en la calle, esperando el fresco chorro de las canales y tejados vecinos, decía: | Que llueva, que llueva, La virgen de la cueva, Los pajaritos cantan, Las nubes se levantan,
¡Qué sí! ¡Qué no! Que caiga un chaparrón, Con azúcar y turrón, Que rompa los cristales de la estación.
Que siga lloviendo Los pájaros corriendo Florezca la pradera Al sol de primavera
¡Qué sí! ¡Qué no! Que caiga un chaparrón, Con azúcar y turrón, Que rompa los cristales de la estación.
…Y como si la infantil canción hubiese sido un noble mandato, llovía, llovía con unas gotas gruesas que debieron ser las mismas que cayeron en el bíblico diluvio universal y que la reseca tierra, en ayuno prolongado de agua del cielo, se tragaba enseguida desprendiéndose de la arena caliente, pero ahora remojada, un penetrante y agradable olor a tierra mojada que se levantaba del suelo; era el vaho esperado del invierno y la humanidad, humedeciendo semillas para la siembra, leve y fugaz, sin propósito de sinfónica, alegre silbaba una canción de campo apenas insinuada en una melodía fruncidora de labios, mientras los sabios viejos, asomados a las puertas de sus aposentos, mirando hacia arriba, conocedores del lenguaje del cielo, daban noticias de buen tiempo acariciándose sus barbas…
El tendido alambre del telégrafo municipal no era posible sin la imagen de las puntuales golondrinas de abril y sin los restos de cometas deslumbrantes que en él solían morir…!Y qué tristeza! Ya no existe el alambre del telegrafía, él que fue parte de un paisaje ido en tiempos en que a la patria la unía “Telecom” y las puertas de las casas las abría el milagro de un telegrama venciendo distancias…
En sus estado de itinerantes las golondrinas que en abril llegaban al pueblo, estaban siempre más dispuestas a irse que a quedarse…Les esperaba el horizonte…nunca carecieron de él…aves del viento que el viento un día se llevaría…Y por ello yo era de los que creía que las golondrinas que en abril llegaban al pueblo, se conocían todas, todos los alambres de los telégrafos del mundo como si estos hubiesen sido colgados para ellas a falta de balcones inciertos…
-Vienen de Alaska- decía Casimiro, el notario, quien debía decirlo por dos cosas: porque era el notario y porque lo sabía…
Y como nadie le contradecía, volvía a decir:
-Se dirigen al sur, a La Patagonia- y esta vez lo decía por las mismas dos razones anteriores: porque era el notario y porque lo sabía…
La visita de las golondrinas de abril no pasaba de tres o cuatro días alterando por las tardes el paisaje del barrio. Eran la novedad. La cuadra se alegraba con ellas…
-Anidan en cualquier parte; hasta en los corazones y la memoria, de donde dicen los poetas, que ya murieron, nunca se van- opinó de nuevo Casimiro y agregó: cada una de ellas tiene su propio pedacito de cielo en el cielo y una ventana y una casa en la tierra donde posarse…Es irremediable, siempre las habrá en abril. Abril les pertenece, nadie se los puede prohibir-y esta vez también lo dijo porque era el notario y porque lo sabía…
Hoy, el alambre del telégrafo del pueblo no existe, parece cosa que nunca hubiese sido como aquel amigo que murió de ausencia temprana…y de las golondrinas puntuales de abril, un catálogo de nostalgias solo queda, y en la memoria una lista de reminiscencias de tantas cosas que en abril también se fueron en el grito doble de esta sorpresa…!Llegaron las golondrinas¡ ¡Se fueron las golondrinas¡ Soltando en ese mismo grito un dolor que volaba mientras el viento de la tarde, en polvo de olvido convertía las palabras…Y con ese mismo viento, viento de lluvia, viento de invierno, sujetas a la fragilidad de sus huesos a punto de romperse, en el alcance de mi primera taza de café en la cocina, reclamando al cielo un punto de paternidad para marcharse, se iban las puntuales golondrinas de abril en el apremio crucial de la primera gota buscando veranos salvos…Y solo, pero terriblemente solo, con una soledad de camino sin caminante, se quedaba el hilo del telégrafo al que mirabamos vacío de golondrinas reconociéndonos en el otro abril… |
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