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Mil gracias y perdones | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 31.03.19 | | Ahora, precisamente, que estamos con las neuronas alteradas, porque no nos encontramos a gusto, porque el estado del bienestar se nos ha ausentado y nos ha dejado huérfanos, porque la inquietud nos mina el alma, porque tenemos miedos, porque tememos qué nos pueda deparar el futuro y qué podemos hacer con nuestro futuro próximo, suponiendo que tengamos futuro, nos viene López Obrador y nos solicita que pidamos perdón. Ahora, que nos ha pillado con la boca caliente y se nos han calentado las rotativas y los medios nos están toreando a todos, porque hay algunos que ya hasta embisten, se nos dice que hagamos algo más doméstico como puede ser el pedir perdón. Las gracias y los perdones han sido y son nuestras señas de identidad, son artilugios de nuestro constante andar por casa y fuera de ella. Precisamente porque nos gusta agradar y no darle mayor importancia a los fallos propios y ajenos, podríamos contar cuántas veces al día damos las gracias y hasta pedimos perdón, e incluso decimos: “no es nada”.
| Y se nos sube la alegría y la gracia al rostro y se nos iluminan los rostros a todos y las comisuras de los labios se estiran hacia las orejas y se nos cambia el semblante, porque nos agradan las “pelusitas calientes”, los reconocimientos y las gracias y los perdones de todos, porque vamos todos en el mismo barco, sin pretensiones imperiales, y no nos interesa naufragar entre los demás ni en la cubierta ni en los camarotes, ni a babor ni a estribor, aunque algunas veces esto de la izquierda y la derecha nos haga percibir el viaje con distintos planos y perspectivas. Ahora, que necesitamos relajarnos, que hasta podría venirnos bien para cambiar de temas, para recoger velas y obligar a los vientos a que se calmen un poco, porque hay más mundo y más historia. Ahora, que no se nos hunde el mundo ni se nos derrite la historia, pedir perdón o dar las gracias no nos cuesta tanto, aunque nos queden pocas monedas de curso alegal y de amabilidad, porque como decía un amigo nuestro: “Hablar bien no cuesta un huevo y se queda cojonudamente”. Ahora, que son malos tiempos para la lírica y que la épica nos ha convertido en montaraces, porque la cabra tira al monte y a veces hasta embiste, y se nos han borrado los verdes campos del Edén, porque tal vez nunca quisimos disfrutar y lo nuestro era habitar en tierras quemadas y nadie quiere reconocer que olemos a chamusquina. Menos mal que tuvimos el detalle de fabricar y encender los inciensos, que ardían a toda pastilla (nunca mejor dicho), pero solo para los dioses y emperadores y los demás solo nos teníamos que conformar con ser fumadores pasivos, porque se trataba de que nos faltara hasta el aire, que nuestro ahogo fuera rentable para algunos, porque a la postre saldríamos en estampida. Ahora, que podríamos perder el juicio, porque no queremos perder los juicios, porque a río revuelto ganancias de pescadores y de pecadores y de corruptos, nos vendría bien estar atentos para poder desenvainar y hacer brillar la espada de la justicia doméstica, de la amabilidad vecinal, del acuerdo nacional y de la paz internacional y la intertemporal. Pero ¡qué cruz! “Mil gracias derramando, pasó por estos sotos con presura, y, yéndolos mirando, con sola su figura vestidos los dejó de hermosura”, nos dirían las almas de “las criaturitas” sobre el amado de hace tiempo con la pluma de San Juan de la Cruz. Sin embargo, por muy activo y valiente que sea el amante, puede también derramar sus gracias y perdones, y dejarnos otro paisaje, aunque el paraje pueda seguir siendo el mismo. Sin embargo, no se trata de “dar la perra gorda” para que se calle, porque no nos fastidia ni desajusta los Presupuestos, sino de pedir perdón y, además, a sabiendas de que se nos concederá. Muchas veces se ha dicho hasta aquello de “perdonar siempre, pero olvidar nunca”. ¡Qué razón tiene el pueblo! El olvido puede no tener lugar, sobre todo, si lo que nunca vamos a olvidar es que se nos perdonó y para siempre. Y sobre todo, porque errores cometemos todos, se nos va a perdonar en el mismo paquete la cantidad de improperios que los españoles y muy españoles de ahora están lanzando a los cuatro vientos contra López Obrador, porque nos ha cogido con el paso cambiado y enfrascados en una empresa casi titánica, que nos ha puesto de los nervios, en las arenas movedizas de las tan cercanas y variopintas elecciones. josemª |
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