Es una gran suerte poder conversar con personas como Emilia. Ella ha recorrido el camino que todos debemos seguir y sabe dónde ha sido áspero y difícil y dónde es llano y fácil. En su piel está marcado el esfuerzo de haber vivido casi 100 años, sus manos han mecido a tres generaciones y aunque tan largo camino es como ascender una montaña, y las fuerzas ya la van abandonando, desde lo alto, su mirada es más libre, su punto de vista más amplio y sereno. Emilia nació el año en que se hundió el Titanic, ha vivido en guerra, en república, en dictadura y en democracia y hoy estamos viendo su foto en Internet.
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Los que aún sufrimos la enfermedad de la juventud no debemos olvidar que se cura con el tiempo y que tal vez con un poco de suerte lleguemos a la edad de Emilia. Hoy no es un día especial, pero no hace falta que lo sea para trasladar el más emotivo homenaje y agradecimiento de quienes nos sentimos orgullosos de formar parte de su familia.
Seguiremos acercándonos a tu lado, mientras tomas el sol de la tarde desde tu mecedora, para seguir tu ejemplo y descubrir tu secreto: No es cuestión de añadir años a la vida, sino de añadir vida a los años.
Juan Manuel Mancebo Fuertes y Ruth Montiel González Agosto 2mil7 |