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Universidad y convalidaciones | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 10.11.18 | |  Hace unas semanas, en un supermercado de frutas y verduras nos encontramos con un antiguo compañero, que, según nos dijo, se había examinado más que los chinos, como solía decirles en sus años mozos don Antonio Gil Muñiz. El caso fue que hablamos de salud y de otras hierbas. Como estaba calentito el tema de la excelencia y de la cultura de los políticos y de sus méritos académicos, salieron a la palestra una serie de experiencias vividas por nosotros durante los años en que nos dedicábamos a estudiar cada uno por su lado, ya que la diferencia de edad nos había cogido con planes de estudios muy distintos. Si bien nuestra experiencia había contado con un curso puente para seguir los estudios universitarios desde la titulación de Magisterio, para poder seguir los estudios para la Licenciatura en Pedagogía, su experiencia era de lo más variopinta que se pueda uno echar a la cara. | Por un lado, nos contó que una compañera suya, que se había licenciado en Pedagogía, pero que tenía interés en presentarse a Oposiciones de Magisterio, no lo pudo conseguir hasta que estudió Magisterio. Con esto queremos aclarar que las convalidaciones están fijadas de antemano y no son un mecanismo que se pueda poner en la práctica sobre una ocurrencia o facilitación “ad hoc”, dependiendo de la clientela y del comercio. Las rebajas en este terreno no tienen nada de espontáneas y ni al famoso “Platanito” se le permite torear por el simple hecho de tirarse a la plaza. Por otro lado, nos contó de su propia biografía, que para estudiar la carrera de Magisterio, a pesar de tener cursos de Filosofía, no le convalidaron más que lo que entonces estaba estipulado para los alumnos que habían terminado el Bachillerato Superior. También nos contó que cuando se matriculó en Filosofía y Letras, tuvo que examinarse de todas las asignaturas y además presentar tres trabajos monográficos para poder conseguir el título de Licenciado. “A mí me van a decir cómo funciona la Universidad”, nos decía. “Cuando uno se mete en la Universidad, le informan de qué es lo que hay y cómo tiene que adecuar sus estudios y su tiempo a la exigencias académicas. No se trata de una excursión en que basta para hacer 'la carrera o el senderismo', saber cantar el 'Asturias, patria querida'. ¡A mí me van a decir cómo funciona la Universidad! Hay gente, titulada o no, que no tiene ni idea de cómo funciona la Universidad”. Como nos quedamos casi de piedra, aunque estábamos entre frutas y verduras, ya que nos sorprendió sobremanera todo lo que nos había dicho, nos siguió contando su experiencia. ” Pero tengo más. Pasados unos años se me ocurrió meterme a estudiar Psicología por la UNED y me convalidaron pocas asignaturas: solo lo que estaba estipulado de antemano. Cuando terminé el primer Ciclo, de tres cursos, equivalente a Graduado, como era la carrera de Magisterio entonces, dejé los estudios por cuestiones profesionales y familiares. Pasó el tiempo y, cuando quise reanudar los estudios de Psicología para acabar la carrera, solicité la convalidación de los tres primeros cursos, que ya tenía en mi haber. Me llevé la sorpresa de que el Plan de Estudios había cambiado y, de las quince asignaturas, sólo me convalidaban nueve, lo que me suponía meterme en la mollera más de un curso académico extra. Además, para pasar al Segundo Ciclo tenía que hacer un examen de aptitud en Inglés, que ahora era obligatorio, mientras que antes había sido opcional y yo había hecho Francés. Como aquí no deberían acabar mis dificultades en dicha Facultad, tenía unos años determinados para acabar la carrera, porque en Primer Curso ya había entrado otro Plan nuevo de estudios. Me lo pensé y fui a por todas y, sin que nadie me regalara nada, conseguí terminar. Nos dimos cuenta de que hay gente que se lo curra y que otros son “bendecidos por las alturas” porque cuentan con tutorías omnipotentes. A todo esto le preguntamos a nuestro amigo que por qué se había metido a estudiar Psicología. La respuesta fue más rápida y espontánea de lo que nos esperábamos: “Es que a mí me gusta mucho el bricolaje y me metí en Psicología por si algún día me tenía que hacer una chapuza personal”. Hablando junto a frutas y verduras, nos dimos cuenta de que la Universidad no puede ser un vivero (para los vivos) de plantas raquíticas ni de flores de plástico. Por la Universidad debe circular una savia sabia de competencia (no de competitividad extraña), de excelencia y de ética. josemª |
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