No te ofendas viejo amigo, mil gracias de corazón, tú y la brisa sois testigos, que erré mi decisión.
Elegí mal el camino, ya no existe vuelta atrás, he marcado mi destino, ya, ni tú me salvarás.
El viento silbó mi nombre, esta vez le obedecí, permite que te asombre sube encima de mí,
cierra los ojos sin miedo, soplaré de forma bestial, con mi fuerza retrocedo y volverás al punto inicial. Aquí te dejo amigo mío, donde aún te sentías hombre, donde está tu señorío. El viento silbó mi nombre
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