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¿Qué pasa con los horarios? | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 15.09.18 | | “El patio de mi casa es particular” cantábamos cuando éramos pequeños. Ahora con tantos móviles ya no cantamos y además estamos bastante inmóviles, cuando algunos temas se nos acercan de lleno y se nos impone la “voz del amo”, sin que nos demos cuenta. Ahora el patio está hecho un erial, porque antes de tener tiempo de sopesar las circunstancias con sus pros y sus contras, ya se nos han adelantado los rápidos, que no siempre son los más inteligentes, aunque no estén dispuestos a dejar de ser los más listos. Con el desprestigio que está sufriendo lo que puede suponer el cambio de horario para todos, ya se está decidiendo, a bote pronto, qué horario tiene que ser el que se fije, cuando se unifique. Es más, ya se ha sacado el tema en pleno verano, como si ello indicara que se hace ahora sin ninguna intención, cuando ya nos podemos imaginar el cúmulo de intereses que pueda haber detrás. La euforia nos puede meter en un callejón sin salida, del que será difícil salir, porque no se nos concederá nunca la próxima oportunidad. Si vamos despacio podemos sopesar algunas cuestiones, que no se tratan por indolencia o se dejan en manos de los expertos por ignorancia. Por ello conviene precisar de qué estamos hablando y qué se nos puede venir encima. | Nuestro reloj biológico nos obliga a unas pautas de actividad que tienen que ser respetadas, si no queremos enfermar o tener malos humores sin saber por qué. El ritmo circadiano, aunque puede ser muy distinto para cada persona, la mayoría de las veces viene definido por nuestro reloj biológico. Lo que no puede pasar es que seamos más torpes que las gallinas. Nuestra experiencia es que con los dos horarios, que aprovechaban la luz de la aurora (“La del alba sería, cuando Don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado”) no necesitábamos despertador para levantarnos, porque la melatonina ya iba dejando de ejercer su influencia al ir clareando, casi beatíficamente, el día. Si fijamos el horario convenientemente a su huso horario, habrá que tener en cuenta que no nos resulta saludable tenernos que incorporar de noche, incorporación desalmada, durante la mitad del año, conducir de noche y llegar al trabajo hechos carbonato o fosfatina. Pensamos que con el horario de invierno, habría menos prisa, menos cansancio y nervios más templados a la hora de emprender nuestro trabajo, lo que sería más favorable, porque habría menos accidentes, incluso laborales. Los niños y niñas en edad escolar también sufrirían muchísimo menos, así como (no digamos) las familias al no tener que arrear a la tropa de infantería escolar casi de noche. Aprovechando la euforia del verano, los secuaces del capitalismo consumista enseguida se han lanzado a por la opción del horario de verano como norma, sin considerar el destrozo psicológico de todo el personal. Si nos levantamos a la hora más cercana a la del alba, todos los hogares gastarán menos energías, incluida la eléctrica, con lo que ahorrarán algunos cuartos. Cuando se acorta la luz solar de las tardes, a nadie se le prohibe ir a los bares, supermercados..., aunque el Sol se haya marchado a dar una vuelta por otros territorios, incluso allende los mares, y para nosotros ya sea de noche. Además con esta bendita costumbre de darnos un garbeo por las modernas ágoras y chiringuitos, también ahorraremos energía en nuestros hogares, sin que ello suponga mayor gasto de luz en los comercios, a no ser que a algún gobierno se le ocurra ponernos un impuesto a la Luna. Ya sabemos cómo está el patio, pero ojito, ojito, que lo importante es la salud, la psicológica, también. El patio es de todos. De vez en cuando hemos podido escuchar que “no por mucho tempranar amanece más madrugo”, y que nos deja evidentemente claro que con “un muermazo” encima no estamos preparados para muchos trotes, ni siquiera para muchos “milagros españoles” y muchos españoles. Además, no podemos mortificar a la mayoría, que casi nunca pisa un bar. Los otros días, en la película “Carta de una desconocida”, que nos ofreció, en abierto y gratis como siempre, la asociación ASPROJUMA en su sesión de cinefórum, pudimos escuchar del protagonista, que se había visto involucrado en un duelo: “A mí no me importa que me maten; lo que me fastidia es tener que madrugar”. ¡Buenos días! josemª
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