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Tu diario. Libertad de expresion

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Nadie es malo
Francisco Miguel Gomez Villasclaras (Franmi). 01.09.18 
Cuando me promocionaron a director clínico, uno de los primeros pasos fue enviarme a un curso de como dirigir a los empleados que tendría a mi cargo.
Mi primera lectura de la situación, y prejuicio que hoy admito (1),   fue sospechar que me enviaban a un curso de “cómo ganarle dinero a la empresa evadiendo los derechos de los empleados”, y que, en parte, esto implicaría no pagarles mucho. Pues no. La mayoría del programa consistía en prepararte para ser un buen jefe.   
Charles, que imparte gran parte de este curso, nos hizo prometer que no divulgaríamos lo que nos iba a enseñar. Hoy voy a romper esta promesa (2)   y    voy explicar una de las   partes más importantes de su enseñanza: UPR (Unconditional Positive Regard).
UPR significa que cuando nos encontramos con una situación que no se ajusta a lo mínimo que esperamos de nuestros semejantes (en este caso empleados o clientes), o que vemos como completamente contraria a lo que otro ser humano debería expresar, debemos dar un paso atrás y analizar el por qué; en vez de precipitarnos a prejuzgar.

No pasó mucho tiempo antes de darme cuenta de que UPR puede aplicarse a muchas otras situaciones de la vida diaria: desde clientes del día a día hasta violadores,   terroristas y asesinos. No, no se trata de justificar sus acciones, se trata de comprender las situaciones, infancias, educaciones y enfermedades que conducen a estas personas a actuar en la forma en la que actúan. Comprender y entender no implica compartir o justificar, pero requiere un esfuerzo moral que muchos no estamos dispuestos a asumir. Concluir que los demás son malos y nosotros no es mucho más fácil, pero es de ser vago, muy vago.

Como explico en mi artículo anterior ("el racismo de los animales",   enlace al final), toda sociedad tiene cárceles, pero si le preguntáramos a cada uno de sus residentes si son malas personas, esperaría que la gran mayoría dijera que no, seguro que todos tienen excelentes excusas. Lo que, como ciudadanos del futuro debemos aprender, es que lo que para unos son excusas, para otros son razones. Para progresar necesitamos analizar estas razones, desecharlas como excusas y encerrarlas en prisión para no tener que enfrentarse a ellas es más fácil, pero no conduce a nada.

Un buen ejemplo es el del ladrón y del fallido código de Hammurabi, donde se te cortaba la mano por robar, pero nadie se paraba a pensar si se robaba por una razón tan genuina como el hambre, o el hambre de tu familia. Estoy bastante seguro de que los políticos de hoy no roban por la misma razón, pero de ahí a creer que su objetivo es la de la maldad en sí o el del egoísmo puro y duro, es como si de enviados del imperio de La Guerra de las Galaxias se tratara...
¿Quizás pensaban que como otros lo hacen, es aceptable? No es una razón válida, pero su análisis puede darnos respuestas: actuar como un borrego es consecuencia directa de falta de educación. ¿Quizás pusieron a un familiar en apuros por encima de sus obligaciones para con la sociedad que representan? O mucho más egoístamente, ¿Simplemente piensan que lo merecen y que su trabajo no paga lo que sufren? ¿Cuál es la solución? ¿Los metemos en la cárcel para que aprendan o los obligamos a aprender mientras están en la cárcel?

Por otra parte, tengamos también en cuenta las noticias que compartimos como consecuencia del rencor que guardamos a aquellos que actúan (o, mejor dicho, suponemos) de forma deshonesta a pesar de ocupar un cargo público. Muchas de estas noticias,   que vemos diariamente en plataformas sociales como Facebook, Twitter o WhatsApp,   y que acusan a individuos con cargo político de uno y otro bando, son falsas o se nos presentan desde un punto de vista extremadamente parcial. ¿No se nos ha ocurrido que quizás muchos de los que se encuentran en la diana de estas acusaciones buscan una sociedad mejor y, en realidad, no merecen nuestro enfado? Simplemente sus prioridades son diferentes de las nuestras,   y somos nosotros los que, mediante nuestras preferencias y prejuicios, elegimos etiquetarlos como "malo", porque es más fácil. ¿No es verdad que se nos debería acusar de hipócritas   cuando   compartimos/tuiteamos/reenviamos noticias de unos por su supuesta corrupción, pero somos demasiado vagos como para buscar pruebas que confirmen su participación?

Uno de los requisitos más importantes para tener en cuenta cuando tragamos las noticias que luego regurgitamos y compartimos es el análisis de nuestros propios prejuicios. Y aquí me toca levantar la mano y entonar el “mea culpa” (3): quizás fui mucho más inmune a estas noticias cuando ridiculizaban al gobierno español de derechas, simple y llanamente por mis prejuicios de hombre de izquierdas. Ahora que veo el mismo trato a un gobierno más cercano a mis preferencias sociales, aunque este tampoco sea de mi devoción, siento menos indiferencia.

Incluso aquellos que quieren referéndums no son malas personas, quizás están locos, pero no mucho más de lo locos que están los que no los quieren. Ya hablaremos de lo ideal que son los referéndum en otra ocasión.

Antes de compartir este tipo de noticias de las cuales no tienes suficiente prueba, piensa, medita. ¿Estás segur@ de que esta persona ha cometido el delito que le atribuyes? Si lo ha cometido, ¿Quizás haya una excusa (razón) que no hemos tenido en cuenta pero que   nos haría entender mejor su comportamiento, aunque aun así no lo compartamos?   
Y si no lo ha cometido, pero piensas que atiborrar su vida pública con puntos negativos avanza tus prioridades políticas, ¿no le estás dando una fácil escapatoria a aquellos que   si han cometido actos deshonestos permitiendo que usen tu acusación como parte de su defensa?

Para concluir admitiré que Charles no es su verdadero nombre, eso también es mentira (4). Y es mentira porque al final, todos actuamos de acuerdo con nuestros principios, y a veces hacemos cosas que no se ajustan a las prioridades del prójimo, pero lo hacemos cuando, a nuestro ver, el fin justifica los medios. Quizás pienses que soy una persona con prejuicios (1), en la que no se puede confiar (2), políticamente parcial (3), y mentiroso (4).    Además,   teniendo en cuenta   la filosofía que explico en esta pieza, me creas ingenuo y,   como consecuencia, peligroso; lo que no quiere decir que sea malo.   

http://www.alhaurin.com/noticias_ampliar.php?id=70334

Francisco Miguel Gomez Villasclaras (Franmi)
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