Decían que en los cuatro próximos años nada iba a cambiar, ya que el alcalde había vuelto a ser elegido y que qué importaban los “trapicheos” al fin y al cabo el pueblo no iba mal. Mucho me hubiera gustado haber podido preguntar qué era lo que llamaban trapicheos. ¿Se referían quizá a la corrupción? Luis García Montero en su artículo “Autoestima” (El PAIS 14 de Julio de 2007) dice: “Un alcalde corrupto es el síntoma de una enfermedad grave. Pero el ciudadano que acude a las elecciones a votar a un alcalde corrupto es la prueba evidente de una dolencia mortal”. Es posible que en Alhaurín sea cual sea de los dos, la defensa del bien público han dejado de ser un valor político, porque bien público es el patrimonio natural de un pueblo, pero aún más la salud de sus habitantes.
Y vuelvo a García Montero. “¿Quién ocupa nuestras conciencias, nuestros espacios públicos de decisión y debate? ¿Qué está pasando para que se separen de esta manera la democracia y el Estado de Derecho?. Conviene reconciliarse con la dignidad humana como nos reconciliamos con el mar o con las estrellas en los meses de verano.” Isolde Schaefer. |