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Día escolar de la no violencia y la paz (19) | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 16.06.18 | |  Siempre se ha dicho que “todos los caminos conducen a Roma”, pero lo que no nos dijeron es que la razón más adecuada de este hecho es porque los hicieron los romanos. En la educación hay infinidad de caminos, pero también hay senderos que tenemos que ir abriendo. Si hay atajos que resultan cómodos para la mayoría, se convierten en buenos caminos; pero si hay caminos que se abandonan y se llenan de maleza, resulta incómodo seguir usándolos. Desde pequeños aprendíamos a contar con el juego del escondite, aunque no hubiéramos pisado la escuela, porque los niños mayores servían de maestros y nuestro cerebro iba encajando los números, aunque no tuviéramos idea de numeración, ya que esta necesita de sencillas nociones, aunque sean intuitivas, de los valores absolutos y relativos de las cifras. Muchas “rayuelas” para jugar también contienen números. ¿Qué podemos hacer con los números en la escuela? Una compañera de Preescolar, hace ya treinta años, cantaba la numeración con sus niños y niñas, contando las veces que se sentaban en distintas sillas. Nos recordaba el antiguo juego de exclusión que llamábamos “A parir la burra”, en que todos se ponían de acuerdo para echar fuera a quien estaba sentado en un extremo de un banco. En el juego de la maestra no se echaba a nadie, pues solo se cambiaba de asiento y la diversión consistía en moverse y contar. | Un compañero nuestro, que globalizaba ya sus “lecciones” del Ciclo Inicial, hace ya más de veinte años, nos dejó varias muestras de juegos con números. Así usaba los números como códigos en Educación Física. Los números les servían para dotar de respuestas motoras según su significado, modificando el antiguo “mando directo”. Con pocos números cambiaba el significado cuantitativo y le daba valores dinámicos. Así: uno significaba dar un salto; dos servía para extender los brazos al frente; tres, para elevarlos hacia arriba; cuatro, para sentarse en el suelo y cero, para estarse quieto. Una vez que toda la chiquillería había conseguido encajar el pequeño código y daba respuestas adecuadas, provocaba variaciones sin avisar. Se trataba de romper la relación unívoca de Estímulo-Respuesta. Ya las respuestas no estaban rígidamente codificadas. Así, si decía cuatro, cuando acababan de sentarse en el suelo, la respuesta era como la del cero, que no conllevaba ninguna reacción, ningún movimiento. Siempre que se repetía un número, tenían que controlar la respuesta y no reaccionar. El lenguaje de los números también se hace polisémico.El no reaccionar resulta muy educativo, sobre todo, cuando en la tele todo está basado en reacciones sin cuento. Otro juego que desarrollaba en las canchas del colegio consistía en numerar las juntas de dilatación de una cancha del patio de recreo, dándole el valor de cero a la raya amarilla que delimitaba el fondo de la cancha. El uno indicaba que se tenían que poner en la primera junta de dilatación; el dos, en la segunda... Cuando todos ya se habían hecho a dar las respuestas adecuadas con cada número, el juego se complicaba, porque ya las propuestas eran totalmente aleatorias. Incluso si el maestro iba diciendo los números por orden, a la vez que se desplazaba por el latreral de la cancha hacia los números mayores, podía seguir así, pero diciendo números menores, con lo que no podían “seguir” el movimiento del maestro, que seguía yendo de menor a mayor. Cuando ya estaban muy familiarizados con el juego, el maestro podía sustituir los nombres de los números por pitadas con el silbato, que obligaba a reaccionar pero no inmediatamente. También podía hacer las propuestas con el número de dedos que levantaba, lo que obligaba a una atención visual. Cuando ya están familiarizados con todo el desarrollo del juego, introducía una variación muy importante, con las nociones de “par” e “impar”. Así, si el desplazamiento se hacía hacia un número impar había que realizarlo a la pata coja y si era a uno par, se podía correr. Estos juegos eran muy curativos para las niñas y niños que estaban tocados por el trastorno de déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA-H). Los números se pueden usar para formar grupos, para dar saltos, para dar botes o pases de balón... Siempre el juego que no tiene unas normas muy rígidas puede ser educativo y preventivo, con niñas y niños pequeños. Jugando sin competitividad, la alegría es el mejor atajo que se convierte en camino para la comunicación no violenta y en paz. (Continuará). josemª
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