El próximo martes se cumplirán 10 años desde que ETA le secuestró. Entonces, la pequeña localidad de Ermua se hizo grande en los corazones de la sociedad. España entera, se concentraba y vivía la tensa espera de una muerte anunciada. Era la cuenta atrás más dolorosa.
ETA no dio lugar a la esperanza. En dos días le matarían si el Gobierno no acercaba a los presos etarras. Y la amenaza se hizo realidad. El 12 de julio de 1997, Miguel Ángel Blanco apareció tirado en el suelo con dos tiros en la nuca. En estado agónico llegó al hospital donde murió pocas horas después.
El dolor de su familia y amigos fue compartido por todo el país. Y de aquella muerte nació el Espíritu de Ermua, ese grito de libertad y de unidad frente al terrorismo. El mismo día del secuestro, una llamada en nombre de la organización terrorista ETA, efectuada como era habitual al diario Egin, había exigido al gobierno de José María Aznar el acercamiento de los presos de ETA al País Vasco como condición indispensable para su liberación, dando 48 horas como ultimátum.
El mismo día se convoca una manifestación multitudinaria en Madrid y otras grandes ciudades para mostrar la repulsa al secuestro y pedir su liberación.
ETA, cincuenta minutos después de que concluyera el ultimátum, le disparó dos tiros a la cabeza dejándolo herido de muerte, a las 16:50 horas.
Los disparos no lograron acabar con la vida del edil al instante, como parecía ser intención de los terroristas, puesto que el calibre utilizado fue inferior al habitual. Fue trasladado a un hospital en estado crítico y su agonía se prolongó hasta las 4:30 horas de la madrugada del domingo, cuando Miguel Ángel falleció.
Y quien hoy todavía se atreve a cuestionar la única realidad en la que vivimos. ¿Cómo pueden ustedes seguir culpando a una persona a un gobierno? ¿Es que no tienen memoria? ¿Es que quizás piensan que aquello no puede volver a ocurrir? ¿Dónde quedo toda aquella lucha?
De cualquier forma no se trata de libertad, sino de derechos, esos de los que todos gozamos. Ante cualquier ataque (y digo bien, cualquier ataque), todos tenemos derecho a defendernos. Y cada uno tiene libertad para expresar, sin ofender, todo lo que crea conveniente en fondo y forma. Y nadie queda impune cuando comete injuria, coacción o calumnia. Miguel Ángel Blanco sigue vivo... mas que le pese a algunos. Y nuestra lucha pacífica sigue en pie. Sigamos levantando nuestras blancas manos y volvamos a gritar BASTA YA. Jamás me cansaré. |