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Tu diario. Libertad de expresion

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Día escolar de la no violencia y la paz (13)
Jose Maria Barrionuevo Gil. 29.04.18 
Ya estamos avisados de sobra de que la colaboración tiene que ser asunto de los alumnos y alumnas, de los maestros y maestras y de todos con las familias. Entre todas las artes hay una que no tiene un epígrafe explícito ni un capítulo siquiera en el curriculum escolar de Primer Ciclo de Primaria. Se trata del arte de escuchar. Tenemos que estar atentos a lo que nos cuentan los padres y madres y saber por ellos sobre sus inquietudes y sus dudas, porque a veces la más mínima atención nos ayuda a podernos explicar y a desterrar preocupaciones de los familiares de nuestro alumnado. A veces puede suceder que, incluso en las reuniones con ellos, no nos llegan las distintas sensibilidades de cada familia, porque no afloran los detalles.
Un compañero nos refirió que hace más de veinte años, en los primeros días del curso, le llegó una madre que tenía una hija en Segundo de Primaria con una preocupación académica, ya que, según ella, su hija escribía casi todas las palabras juntas. El maestro le hizo saber que podía estar tranquila, porque el objetivo, por así decirlo, ortográfico del Primer Ciclo era la ortografía natural, no importando mucho si se juntaban algunas palabras o se confundían letras, y que en Segundo Nivel ya se trabajaría el tema y que se superaría con bastante margen ese objetivo.
El maestro, que tenía bastante experiencia,  acostumbraba a desarrollar una estrategia desde los primeros días del curso que consistía en preparar con las niñas y niños dos carteles “caseros” o “escolares” a partir de las siluetas de dos cuerpos, uno de niña y otro de niño, para trabajar “Las partes del cuerpo” y “Nuestras ropas y vestidos”, que constituían un cartel conjunto para estudiar no solo la ortografía de las palabras aisladas sino también los sintagmas gramaticales más fundamentales de nuestras conversaciones y  la correcta escritura de los mismos.
    El maestro puso manos a la tarea en los primeros días del curso, para poder tener más variedad de prendas de vestir, porque después arrecia el frío y se homogeneiza el vestuario y todas las chicas van con  pantalones (menos en los colegios privados en los que impera la ideología de género, que nos recuerda la añeja canción de “los niños con los niños, las niñas con las niñas”).
    Lo primero que hizo fue contar con la colaboración de las niñas y niños del grupo. Las niñas, por escrito, eligieron a una niña mediante una votación secreta y lo mismo hicieron los niños entre ellos. A renglón seguido, la niña y el niño elegidos se tendieron en sendos trozos de papel continuo y cada grupo fue perfilando primero la silueta de cada elegido y luego completando detalles como uñas, pelos... o partes de la vestimenta. También colorearon los dibujos. El maestro se reservó el dibujar las caras a partir de las fotos de carnet que tenía en las solicitudes de secretaría, ya que en aquellos tiempos el colegio no poseía fotocopiadoras que hicieran ampliaciones. Cuando se terminó la tarea los dos carteles se pusieron en una pared de la clase para trabajar el conocimiento del cuerpo y las prendas de vestir, así como su correcta escritura. En la clase había una ley general que se citaba con frecuencia y que les recordaba que “las palabras que decimos las tenemos que saber escribir bien”. Con este principio ya estaban en el buen camino de la correcta escritura.
    Las actividades que ponían en danza este material, confeccionado en clase y elaborado conjuntamente, se hacían mucho más atractivas que las de los libros de texto con ilustraciones más perfectas. Así el maestro señalaba una palabra de los carteles y todos la podían leer a coro o en silencio. Si se hacía en silencio, el maestro podía preguntar a alguien: “¿Qué hemos leído?”. Esta simple pregunta ya hacía juego con la elaboración conjunta de los carteles, ya que no estamos solos.
Otras veces se trabajaban los sintagmas más elementales: se leía una palabra y había que ponerle delante, por ejemplo: “el, la, los o las” o también “este, esta estos o estas”... Más adelante se podían añadir adjetivos, verbos... Siempre se pasaba  a  realizar un ejercicio de escritura de lo que se había trabajado. Al final de curso se habían superado los objetivos de la escritura para el Ciclo Inicial.
    Es curioso observar que la colaboración nos implica a todos en la marcha conjunta, relajada, en la que la competitividad no suele aflorar, pero el resultado es que se consigue una competencia personal y, a la vez, generalizada y colectiva, que nos ayuda a contribuir también, cada día del curso, con estas vivencias al Día Escolar de la No Violencia y la Paz. (Continuará)
josemª  
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