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Día escolar de
la no violencia
y la paz
(12) | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 21.04.18 | |  No siempre la Naturaleza se nos muestra con violencia sobre los humanos. Hay veces que se deja hacer, ya sea, porque la dejamos abandonada o porque intervenimos con naturalidad e inteligencia. Nos contaron unos compañeros de Educación Infantil y de Primer Ciclo de Primaria, que hace veinte años recuperaron una zona escolar, que no se utilizaba absolutamente para nada, y que convirtieron en objetivo de acción e intervención pedagógica y de recreo para los niños y niñas. El caso fue que, en un colegio que contaba con dos pistas polivalentes para fútbol, balonmano y baloncesto, había un bosque casi tan grande como las dos pistas juntas, y en el que estaba vedada la entrada al alumnado. Los compañeros se pusieron mano a la obra y junto con sus niños y niñas fueron podando los árboles poco a poco, hasta que quedó diáfano para todo el alumnado del colegio. No quedó ni un rincón que no estuviera a la vista de todos. El bosque ofrecía un lugar privilegiado para el recreo de los más pequeños, que no podían participar en los partidos que libremente se desarrollaban en las pistas. Se les explicó que la poda era como un corte de uñas que se le hacía al árbol para permitirle que pudiera crecer mejor y que le diera más luz solar, ya que habían podido comprobar que las ramas a las que no les daba el sol se ponían secas y leñosas. | La siguiente faena fue completar la repoblación de una parte del bosque que no tenía árboles. A partir de entonces a los niños y niñas también les encantaba ir a trabajar, a plantar, a regar... si bien eran los maestros los que cavaban y los niños y niñas quienes sacaban la tierra ya removida para las plantaciones. No había distinción de sexos para estas labores que podían ser de formación de alcorques, acequias,... Tampoco se pretendía dejar el bosque acabado de golpe desde el principio. Por otro lado, durante el verano o en el crudo invierno, algunos arbolitos se secaban totalmente. Aprendieron que había que esperar para comprobar si los árboles estaban ya secos o solamente “dormidos”. También se tuvieron que aceptar accidentes, ya que escolares de otras clases, sin querer, se cargaron algún que otro arbolito. “¡De cuántas vidas está hecho un árbol!”. En dos momentos se completó el seto de cipreses que rodeaba el bosque en la linde con la valla metálica exterior. La mayoría de los árboles se transplantaban de semilleros de aula. Con tablas de palés que también traían los niños, se ponían letreros a los árboles, así como también se realizó un tablero con la conocida canción: “Es mi bosque, es tu bosque; respetemos nuestro bosque... respetemos siempre el bosque”. Con el trabajo de todos, se construyó un cajón para el compost (usado para los semilleros de aula), en donde se depositaban las mondas de las frutas, las hierbas de la escarda... En dos tablas muy larga se puso que “Un bosque limpio es un bosque hermoso”. El bosque facilitó la globalización pedagógica, ya que en clase se estudiaron los caracoles, babosas, grillos (con sus cantos observados en directo en el aula), insectos palo, mariquitas, lombrices y hasta una serpiente ciega, vertebrado que se distinguía de las lombrices, invertebradas. Los de Educación Infantil podían utilizar el bosque para ir de excursión, cantar, jugar...Pero a todos les ha servido para estudiar en vivo temas como “La niebla”, “La escarcha”, “El rocío”, “La floración” (majestuosa la del melocotonero en primavera), “Los frutos”... (A nadie, como pasó en una ciudad, se le ocurrió preguntar: “¿Quién ha puesto las naranjas en los árboles, maestro?”). El trabajo y experiencia en el bosque aportó elementos para la creatividad de dibujos y textos libres, letras de canciones... con referencias explícitas a lo que se había trabajado en el bosque, si bien algunas veces había que corregirlos, como aquel de la “Historia de un 'alombriz'”. Aparte de que la “Geografía y la Naturaleza nos educan la mirada a los humanos”, la recuperación de estos espacios nos sirven para el disfrute y la convivencia, además de que son compatibles y muy educativos, porque son alternativas repletas de emociones positivas que ayudan a aprender desde la realidad directa y no a través de apriorismos de competitividad que nos rodean a diario, cuando no nos acosan. El día a día del Día Escolar de la No Violencia y la Paz se estira aprendiendo que casi todo es responsabilidad de todos, que nadie tiene por qué pasarlo siempre mal para aprender y que todo nos sirve para poder pensar y saber. (Continuará) josemª |
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