Y escribo “aseos” así entre comillas porque lo último que puedes hacer en ellos es asearte. Es todo lo contrario, nada más entrar se te vienen a la cabeza todas las infecciones imaginables que uno puede pillar allí sólo al asomarte un poquito dentro.
Pero ahí no acaba la cosa, cuando te armas de valor para entrar, viendo que la única opción posible es hacer tus necesidades en la calle (que por cierto siempre estará menos asquerosa que estos “aseos”), te das cuenta de que encima no se pueden cerrar desde dentro. Así que de repente te tienes que convertir en malabarista porque tienes que intentar no empaparte los pantalones del charco inmundo que hay en el suelo, tratar de no rozar ninguna parte de tu cuerpo ni con el WC ni con las paredes porque te puede dar un ataque de terror higiénico y para remate tienes que sujetar la puerta como puedas desde dentro para tener la intimidad necesaria. A esto le sumamos que estás completamente a oscuras y sin rollo de papel. ¡TOMA AHÍ! ¡Tiene mérito eh!
Cada vez que salía de estas letrinas insufribles me preguntaba a qué baños irían los concejales, porque desde luego no me los imagino allí haciendo equilibrismos como el resto de los mortales. ¿A que no se imaginan a la concejala de fiestas, tan mona ella siempre, entrando en estos nidos de infecciones?
Es vergonzoso que tengamos que aguantar esto y encima aplaudir cuando oímos que la nuestra es una de las mejores ferias de Málaga, y ni siquiera lo más básico lo tenemos cubierto.
Esperemos que el año que viene y los restantes veamos equilibristas sólo en el circo y no en los aseos públicos.
Brénea Caravias. |