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Día escolar de la no violencia y la paz (9) | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 01.04.18 | |  Sabemos de sobra que no todas las semanas son iguales, ya que las hay Santas, de Pasión, Grandes, pequeñas, cortas y largas o de “currelo”. Cuando comienza un curso escolar también sabemos que es primordial con qué pies y qué manos podemos hacer esa andadura académica. Hace más de veinte años, nos contó una compañera, que trabajaba en Educación Infantil, que el primer día de curso subían con su grupo las madres y padres a la clase y cantaban el “Bienvenidos”. El desarrollo de la actividad era bastante sencillo, ya que previamente había escrito en la pizarra: “BIENVENIDA... BIENVENIDO... Bienvenidas... Bienvenidos”. Cuando ya estaban todos y todas mirando a la pizarra, la maestra empezaba la canción señalando con ¡un palo! para su correcto seguimiento. Ella iba haciendo preguntas como: “¿Qué le dice la maestra a las niñas?” A lo que se respondía a coro, mientras la maestra indicaba el renglón en que estaba escrito: “Bienvenidas”. También: “¿Qué le dicen los niños a la maestra?” Y contestaban, mientras que la maestra señalaba la palabra “BIENVENIDA”.. | De esta manera se daba un repaso a todas las combinaciones posibles (madres, padres, niños, niñas...) con las respuestas adecuadas de las cuatro palabras, que contenían mayúsculas y minúsculas, y que visualizaban tanto los dos géneros como los dos números gramaticales. Después se pasaba a la presentación de cada nombre, como ya hemos indicado otro día y luego se ponían a cantar la canción del “Colegio lindo y de los amigos y amigas”. Otro compañero, de Primero de Primaria, nos contó que un día, pasadas unas semanas desde el comienzo de curso, le llegó una niña nueva con su madre. Cuando la niña se percató de que le tocaba de maestro un hombre con barba, la chiquita no sabía dónde meterse y se pegó a la madre como una lapa. El maestro las saludó y le dijo a la madre: “Sube con la niña, que no está el horno para bollos”. Ya en la clase, pasó también la madre, el maestro comenzó la misma rutina de la maestra, como si se tratara del primer día de clase. Después de las presentaciones, la madre se marchó tranquila y la niña se sentó con pocos prejuicios, ya que la organización del aula, los nuevos amigos y amigas y el maestro no representaban para la chica ningún peligro. Cuando volvieron del recreo, la chiquita ya estaba integrada en el grupo. Con estas experiencias podemos pensar que la escuela puede convertirse en un lugar de acogida y no en un lugar extraño en el que todo el ambiente está poblado de incógnitas y algunas casi imposibles de resolver por las niñas y niños de los primeros niveles. Discurriendo el tiempo, que a veces nos hace discurrir a nosotros, nos comentó la maestra de Infantil, que un día, tras las vacaciones de Semana Santa, por la tarde, le llegó una madre para intercambiar posturas y pareceres sobre la marcha de un chico. Lo que no esperaba la maestra es que la madre le trajera una pequeña anécdota, aunque puntual, de la actitud de su hijo con los demás. El caso fue que le contó que, una tarde de Semana Santa, mientras veían un paso en la calle, una sobrina suya dijo, señalando a un niño que iba en la procesión: “Mira, el 'Gordito' de mi clase”. Ante este comentario el hijo de la mujer le dijo a su prima: “Ese niño tiene su nombre,¿no?”. La maestra se quedó un poco colgada, al comprobar la respuesta tan espontánea, y sin ofender, de aquel niño de su clase. La niña estaba en un colegio concertado, pero lo mismo podía haber estado en otro colegio o en el mismo colegio, pero en otra clase. No nos atrae el maniqueísmo para nada, por supuesto. Lo que sí nos seduce es el enriquecimiento que conlleva la colaboración entre todos. Si los otros días podíamos decir que el “Día Escolar de la No Violencia y la Paz” tenía que salir de los recintos escolares y extenderse por las calles de los pueblos y ciudades, hoy podemos afirmar que hay estrategias, experiencias, vivencias y pedagogías, en suma, que no adoctrinan pero que facilitan la toma de conciencia, sin necesidad de sermones ni de aprendizajes memorísticos solamente; “Verba movent, exempla trahunt”(Las palabras conmueven, los ejemplos arrastran). Nuestra experiencia colectiva nos puede conceder el beneficio que nos otorga la toma de conciencia de nuestros niños y niñas, aunque no sea el “Día de la Paz”. Ya nos lo dijo Antonio Machado: “No es una cuestión de cultura, sino de conciencia. La conciencia es anterior al alfabeto y al pan”. (Continuará) josemª. |
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