Alhaurín de la Torre siempre ha sobrevivido gracias a sus riquezas; riquezas procedentes de la tierra, bien en forma de agricultura, bien como canteras, bien como minas, bien como caleras, bien en forma de esparto, tomillos, palmas, etc. |
En este nuevo artículo presento unas canteras muy especiales de mármol, canteras que aún se encuentran tal y como se quedaron. Las canteras se hallan en la zona de la Barcaza, terreno comprendido entre el Puerto del Arenal, el Cerro del Lobo y el Arroyo de la Breña, alturas comprendidas entre 725, 746 y 894 metros de altitud cerca del límite de Mijas, hoy de propiedad particular, tierras que fueron compradas al Estado después de la guerra, dista unos 7 kilómetros del pueblo. Se llegaba por el Camino de Alhaurín de la Torre a Mijas, camino que podemos observar en todos los planos existentes y que presenta serias dificultades y problemas actualmente para su recorrido, circunstancias que en su día explicaremos.
En las canteras trabajaban seis picapedreros de Coín, ya que la empresa era de dicha localidad siendo sus propietarios un matrimonio compuesto por Salvador y Fuensanta, estos trabajadores eran los encargados de sacar la piedra y dejarla en grandes núcleos para transportarlas en bueyes a la fábrica a través del camino Alhaurín Torre a Mijas, calle Mesón, hoy Juan Carlos I, calle Málaga, Cuesta del Corpa, hoy calle Ramón y Cajal, hasta la plaza de Merino, hoy Plaza Cristóbal Benítez González , concretamente en el número 12 B.
La cantera y la fábrica estuvieron abiertas desde el año 1939 al año 1950, el material se bajaba en una carreta tirada por una yunta de bueyes a través del camino ya descrito hasta la fábrica situada en el barrio viejo del pueblo (Plaza de Merino) donde se cortaban las piezas de mármol con el agua de la tajea procedente de la Fuente Grande que movía unas cuchillas que cortaban las piedras y posteriormente preparadas por picapedreros, se repartían a los distintos clientes. En la misma trabajaban 4 hombres. Los bueyes llamados Regalito y Moreno, realizaban dos viajes al día con una o varias piezas que en algunas ocasiones una sola pieza llegó a pesar unos 10.000 kilos. Los bueyes se quedaban en la fábrica y el boyero ganaba una peseta diaria trabajando todo el día.
La vida en las posguerra no era fácil para nadie, pero los alhaurinos supimos ingeniárnoslas para sobrevivir casi siempre sacando provecho de nuestras sierras. Como siempre acompaño un amplio reportaje fotográfico sobre el tema. |