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Día escolar de la no violencia y la paz (5) | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 04.03.18 | | Teníamos el propósito de dejar el asunto que nos ocupa hoy para más adelante. Sin embargo, como las circunstancias mandan, o por lo menos aconsejan, ya que “a la ocasión la pintan calva y hay que cogerla por los pelos”, nos corregimos, porque no sabemos qué puede haber detrás de la melena de Marta Sánchez, cuando nos convoca a escuchar el himno nacional(ista) que nos ha compuesto para solaz de la madre patria. Nos ha llamado la atención en estos tiempos turbulentos, porque ella fue la embajadora de España, cuando también ¿gobernaba? el PP, cuando nuestros soldados patrios participaban en la Guerra de Irak, en la que nunca estuvimos, según el PP, que criticó duramente el retorno de tropas ordenado por Zapatero. Entonces Marta fue la embajadora “de re frumentaria”, que decían los romanos; vaya, “por el asunto del trigo”, que no de las pajas, para alimentar los espíritus y aires marciales de nuestros soldados, con sus canciones y agitaciones de su pectoral constitución, con el único fin de elevar el ánimo y reducir las añoranzas nacionales, pues no solo de pan viven los patriotas, como estamos hartos de comprobar todos los días. | Hace más de treinta años, en un colegio de la Costa del Sol, en una fiesta escolar del Día de la Constitución, un compañero montó una “performance” en la que una alumna iba vestida de Constitución y unos pajes iban acompañándola para en sus evoluciones escenificar algunos artículos importantes sobre los derechos patrios, especialmente los referentes a la Paz y la Educación. Cuando al final sonaron los acordes del Himno Nacional, los niños pequeños empezaron a cantar. Algunas maestras de Educación Infantil, (entonces Preescolar) nos preguntaban: “¿Qué están cantando los niños?”. Los angelitos de preescolar estaban cantando la única letra que les sonaba: “Franco, Franco, que tiene el culo blanco, porque su mujer lo lava con Ariel...” Un compañero, que tenía una clase de Infantil y que sabía algo de música, “ni corto ni perezoso”, apareció al siguiente día lectivo con una letra sencilla que pudiera desalojar educativamente la única letra de marras que los niños conocían. La nueva letra en cuestión decía así: “Viva España. Todos los españoles /podemos cantar:/ ¡Viva la libertad!/ Viva España con todos los pueblos,/ con todos los hombres solidaridad”. El compañero nos matizó y explicó que podíamos cantar: “Viva la libertad”, no que la hubiera total y realmente, ya que las leyes no habían madurado lo suficiente, aunque estuviéramos cerca del final del siglo XX. Con el tiempo, el compañero, ante las demandas crecientes feministas y la también creciente sensibilidad ecologista, modificó la letra en la medida de sus posibilidades y al final en vez de poner: “con todos los hombres”, terminó poniendo: “con todo lo humano solidaridad”. El maestro siguió con sus aproximaciones y derivaciones con todos los temas, que venían dados como jalones de la temática de las distintas efemérides que se dan durante el curso escolar. Así, unos años después, cuando estaba en Primer Ciclo de Primaria, hace poco más de veinte años, una mañana, cuando ya se estaban calentando motores para el Día de la Constitución, después de cantar el “himno”, hizo una propuesta en su clase y les dijo al personal escolar de su clase que fueran pensando cosas que les gustaban del colegio. La chiquillería iba levantando educadamente la mano para expresar lo que pensaban. El maestro, a renglón seguido, iba apuntando en la pizarra cada una de las aportaciones. Cuando ya no había más propuestas, se pasaba a votar cada una de ellas y se les asignaba el número de votos que apoyaban a cada una. Así, de mayor a menor número de votos, se ordenaron después todas las propuestas. A cada una se le asignó el ordinal correspondiente (1º,2º,3º...). Luego se hacía el copiado de la pizarra, ya con el título de “Nuestra Constitución”. Posteriormente en un papel continuo se copiaba la Constitución de la clase y entre todos se iba ilustrando con dibujos referentes a los distintos artículos. Al final, el cartel era colgado de un tambucho de una persiana, que era el único lugar que quedaba libre. También se procuró denominar, por ensayo y error, colectiva y divertidamente, a los ordinales que desconocían. Ni que decir tiene que todos los días se repasaba la lectura colectiva de los artículos y de los números ordinales, y una siempre adecuada disposición de respeto a las ideas de los demás, que contribuía diariamente a la No Violencia y la Paz. (Continuará) josemª |
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