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Mi cómplice | | Pedro Biedma. 01.03.18 | |  Hola vieja amiga, como siempre has acudido a mi llamada incluso antes de que mis labios pronunciaran tu nombre, desconozco tu secreto, pero nada más pensar en ti, apareces a mi lado, algún día me desvelarás el truco camarada. Toma asiento aquí, a mi lado, cerquita, deja que te cuente mis desilusiones, mi deseos, incumplidos, mis temores más profundos, tú sólo, !oye y calla¡. No puedo creer como algunos se avergüenzan de tu presencia, estoy seguro que has servido de desahogo a la mayoría de quienes te niegan, se aprovechan de esa confidencialidad eterna que te caracteriza, yo en cambio me enorgullezco de que seas mi amiga, mi cómplice, mi consejera, mi compañera del alma. A veces te utilizo a mi antojo, lo reconozco, y hoy quiero pedir perdón por ello, aunque no puedo prometer que mañana o pasado vuelva a rehusar tu compañía. | Ahora, sigue ahí sentada, en este juego se sillas que me regaló la tristeza, voy a acercar mis labios y descargaré en tu oído gran parte de mi desasosiego, en voz baja, muy baja, no quiero que nadie más se entere. Permite que me arrodille a tus pies, voy a posar con suavidad, mi cabeza sobre tus piernas, por favor, pasea tus dedos por mis cabellos, despacio, muy despacio, como sólo tú sabes hacerlo, hazme sentir no sentir nada, pensar que no pienso, soñar que no sueño, en definitiva, haz que sea que no soy. ¿Estás preparada?, voy a abrir la fuente de mi frialdad y dejaré que escapen todas las lágrimas envenenadas que guardo en ella, irán saliendo en orden, una a una, de mayor a menor. Se colocaran sobre tu vestido negro, el calor que desprende tu cuerpo, las logrará secar y se solidificarán, ten cuidado con sus puntas, son afiladas y te las puedes clavar, no se porqué te advierto, tu ya las conoces mejor que yo. Listo, hemos concluido por hoy, ha sido rápido, como casi siempre, ahora por favor, con sumo cuidado, deposítalas en este enorme plato blanco, une tu mano a la mía, vayamos hacia la ventana del olvido, alcemos el plato hasta la altura de nuestras bocas y como siempre contaremos hasta tres, despacio, muy despacio, uno, dos y tres, soplemos con todas nuestras fuerzas para que vuelen y vuelen hasta caer en el jardín del abandono. Bueno amiga mía, cerremos la ventana del olvido, que pueden regresar, ahora sólo me queda darte las gracias y desearte un buen día. Adiós y hasta pronto, amiga Soledad.
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