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Día escolar de la no violencia y la paz (4) | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 24.02.18 | | Nuestras escuelas son hijas de nuestro tiempo, como lo han sido, hijas de su tiempo, todas las instituciones que la humanidad ha ido creando para organizarse de la mejor manera posible. Si antiguamente la educación estaba prácticamente en manos de la familia, en nuestra época se ha institucionalizado, aunque no por ello ha dado los frutos deseados, ya que ha habido un modelo más seguidista de la sociedad por parte de la escuela que educativo por parte de la sociedad.¿Quién más y quién menos, y quién no le ha soltado, y más en la época franquista, una colleja a un niño que iba empujando en la fila, sobre todo, si iban bajando unas escaleras? Estamos en el siglo XXI, pero eso no quita que el Presidente Mariano Rajoy (y no M. Rajoy) le dé una colleja a su hijo ante las cámaras de televisión. En este caso es de comprender, ya que lo hacía para dar un toque a la libertad de expresión, ya que su partido tiene una alergia especial sobre el tema. Hace más de veinticinco años (en el siglo pasado) nos contó una compañera, que tenía a su cargo una matrícula de un grupo de 27 nombres, que un día, cuando iban bajando para el recreo, pues su clase estaba en la segunda planta del colegio, tuvo que llamar la atención a un niño de Primero de Primaria, porque iba empujando. Ella que era bastante sensible al tema de la convivencia, le dijo que no empujara, porque había escalones para todos. | Al volver del recreo, ya los niños no suelen venir empujando, bien por el cansancio que traen o bien porque la vuelta al trabajo no les atrae tanto, como para darse prisa. El trabajo escolar no les suele llamar la atención desmesuradamente. Pues bien, aquel día, nos contó la compañera, les habló a los niños y niñas sobre el peligro que conlleva un comportamiento de ese calibre. A renglón seguido, fue sacando sucesivamente, delante de la pizarra, a parejas de chicos o de chicas o mixtas con la consigna de que uno de los dos empujara al otro. Así se podía comprobar cómo reaccionaba quien era empujado. Cada reacción o cada frase que soltaba quien era empujado era anotada por la maestra en la pizarra. Al cabo de unos cuantos ejemplos, ya toda la feligresía se había percatado de que la maestra escribía en la pizarra solamente las reacciones que eran distintas a las otras que ya habían sido anotadas. Esto provocó una reacción muy creativa que fue alimentando exageradamente la originalidad de las reacciones. Al final una niña que era empujada por un niño se volvió y le dijo: “¿Qué te pasa, cariño? Hay que decir que en aquella clase no había libros de texto, pues la maestra solamente les pedía a los familiares cuatro libros: el de Música para la profesora del área, el de Religión para el profesor de la Religión Católica, el de Lectura y el de Plástica, éste si lo veía interesante. En compensación le pedía a las familias una cantidad bastante simbólica a cada una para adquirir colecciones de libros para la Biblioteca de Clase, que curso a curso iba aumentando sus fondos. Las familias estaban contentas con este sistema, ya que se ahorraban una pasta gansa a principio de curso. Cuando la maestra se jubiló unas colecciones pasaron a la Biblioteca del Colegio y otras, las más infantiles, pasaron a clases de Educación Infantil. Ahora podemos comprender que tanto el material escolar como el ambiente educativo estaban abiertos a todas las incidencias personales y grupales que se presentaban en el colegio y con las que se realizaban ejercicios de Lengua, de Matemáticas o de Ciencias Sociales y de la Naturaleza. No hay ni que decir que la Naturaleza Humana era la que se llevaba la mayor partida. La mínima escenificación (“Role playing”), a la que nos hemos referido antes, tiene la virtud de desarrollar la empatía y la puesta en el lugar del otro (sin empujar; nunca mejor dicho) y además desautoriza, en parte, la “caja negra”de Skinner, ya que, como hemos podido comprobar, tras una acción no hay una sola reacción. Aquel día copiaron las respuestas divergentes vividas. El condicionamiento, incluso operante o conductista, político por más señas, puede ser desacreditado desde la escuela Primaria, aunque la Escuela esté institucionalizada según unos mimbres de esfuerzo malsano y de competitividad, tan distantes del cúmulo de Días Ecolares de la No violencia y la Paz, que continuamente se nos puedan ir presentando. (Continuará)
josemª |
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