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Flamenco del bueno y para todos los gustos
Las mujeres, principales estrellas de la noche flamenca en la Torre del Cante

Luis Bravo. 17.06.07 

Esta XXXIVª edición de la Torre del Cante se puede considerar como la de la mujer. Las dos grandes estrellas que brillaron con luz propia sobre el entarimado montado sobre el campo de futbol de Joaquín Blume, han sido mujeres. Manuela Carrasco y su cuadro flamenco y Esperanza Fernández. La primera de ellas ha organizado un auténtico espectáculo medido, profesional, original y sobre todo muy entretenido, ya que el elenco de artistas que van con la sevillana es amplio y variado; tres guitarras, dos bailaores, tres cantaores, una bailaora que también canta y Manuel Molina, el de Lole y Manuel que tiene un especial papel a lo largo del espectáculo.

Manuela es una gitana pura, y puro y tradicional es su baile. Puro sentimiento, sin descomponerse en ningún momento y siempre muy metida en su papel, sintiendo cada uno de los pasos de los diferentes bailes, con los que anoche regaló a cuantos tuvieron la fortuna de verla. Como una reina brilló sobre el escenario, ya que sorprendió a los que no habían tenido la suerte de conocer su baile y agradó a los aficionados que ya la conocían. El hecho de que Manuela haya aprendido a bailar “mirando”, sin escuela, ni maestro desde los 10 años de edad que se lanzó a las tablas y que aúne todo lo aprendido en estos cuarenta años de profesión, rompe el molde, ya que no escatima nada y controla todo, desde la expresión a la pose. Todo lo da.

Mención aparte merece la bulería que Manuel Molina canta y ella baila. El guitarrista, padre de Alba Molina, conserva esa voz que le hizo famoso hace tantos años y los textos poéticos con los que sorprendió al publico hace tanto tiempo cuando formaba dúo con su mujer. Es también un espectáculo en sí mismo por su gesticulación, su atuendo y su forma de cantar.

Del resto del cuadro, todo bueno, jóvenes valores al cante, al toque y al baile, sobre todo unas alegrías bailadas de una manera primorosa que junto con el ritmo y compás de acompañamiento que lo llenaba todo, simplemente con las palmas y los tacones de los pies sin haber ningún instrumento de percusión. En definitiva Manuela Carrasco y su grupo, fue la grande anoche.

Otro tanto se puede decir de Esperanza Fernández, quien puso al público de pie por la fuerza de su interpretación, por los matices de su voz, su sentido del compás y el conocimiento ortodoxo que tiene del flamenco. Acompañada a la guitarra de su hermano Paco Fernández, empezó con unos fandangos, seguidos de alegrías y a partir de ahí de todo, seguiriyas, bulerías y tangos.

Esta trianera de 40 años sigue manteniéndose joven y gusta a quienes saben apreciar su fuerza y su voz. Anoche no sólo triunfó sino que también demostró que aparte de cantar sabe bailar y hacerlo con arte y tronío.

Cancanilla de Marbella, fue otro de los triunfadores, o al menos uno de los que mas gustaron por el nivel de aplausos que arrancaron entre el público. El cantaor marbellí acompañado de la soberbia guitarra de Paco Cortes, “montó el taco” en los palos flamencos que introdujo. Soleás, fandangos, alegrías y sobre todo cuando se arrancó a bailar por bulerías en la parte final de su actuación. Arte a raudales, jaleos del público y tuvo que hacer un bis antes de salir del escenario.

Calixto  Sánchez, que se confirmaba en el cartel como una de las atracciones principales, no defraudó. Ortodoxo y tradicional flamenco, limpio y exquisito, comenzó su actuación con una toná a palo seco, sin acompañamiento de guitarra, para seguir luego con toques clásicos como malagueñas, soleás o fandangos. Acompañado de la siempre eficaz y exigente guitarra de Manolo Franco, finalizó su actuación con la “habanera de Cádiz” que cantaba el malogrado Carlos Cano aflamencada por tangos.
El Chato Vélez mantuvo el tipo de flamenco puro en numerosos cantes, con el acompañamiento de la magistral guitarra de Enrique de Melchor. Otro conocido artista del toque que también hizo presencia en esta edición de la Torre del Cante y Fernando Terremoto con la guitarra de Antonio Triguero fue otro exponente del flamenco serio que consiguió que el público mantuviese la atención pese a las altas horas de la madrugada en que realizó su actuación.

Cerró el festival rondando las cinco de la madrugada, José Domínguez Muñoz “el Cabrero” quien se anunciaba como cabeza de cartel y sin embargo lo cerró. Tal vez por la hora o por otras circunstancias, como el estado de euforia con el que salió a cantar a tan avanzada hora, fue quien dejó una impronta menos agradable a nuestro juicio.
Sin embargo, “el Cabrero” tiene sus defensores y seguidores que aguantaron estoicamente las más de siete horas de flamenco que llevaban de Festival y también recibió encendidos aplausos con sus controvertidas letras de tema social que siempre levantan polémica. Hacía cuatro años que el Cabrero no venía a la Torre del Cante y él, que es y ha sido casi siempre uno de los fijos en anteriores ediciones,  se le notaba con fuerzas y ganas de agradar y como siempre, dispuesto a permanecer repasando su amplia discografía mientras el respetable demande más temas, por lo que eran ya horas de la madrugada cuando finalizó esta edición de la Torre del Cante que había abierto con puntualidad a las 10 y media el Grupo de baile de la Peña y Rosi Navarro “la divi”, ganadora del XXVII concurso “Mirando a la Torre”.

En definitiva un soberbio espectáculo de alta calidad, en una edición diferente a los últimos años, con dos partes bastantes diferenciadas: el elenco femenino que fueron las triunfadoras y que casualmente también fueron aquellos que usaron del baile como parte esencial de su repertorio; y por otra, los artistas que se mueven en un flamenco clásico y ortodoxo que es el que le gusta a los puristas. El Cabrero como siempre, punto y aparte, polémico y con tirón popular que aunque no esté en las condiciones debidas, lo salva con su veteranía y especial forma de cantar.

Menos público que otras veces, pero sin embargo, a pesar de la larga duración del evento, casi ocho horas, el numeroso público que aguantó hasta el final salió contento y satisfecho de esta XXXIV edición porque hubo flamenco del bueno y para todos los gustos.  

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