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15 de enero, Caso Scala | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 21.01.18 | |  No sabemos si los medios de comunicación habrán caído en la cuenta de que hace 40 años tuvo lugar un suceso que dio mucho que hablar a las rotativas de la nación. Tampoco sabemos si los acontecimientos actuales acaparan toda la atención con el tema de Cataluña y no dejan ni una pequeña gacetilla a la memoria histórica del 40 aniversario del incendio de la famosa sala de fiestas Scala de Barcelona. Si se acuerdan, desde aquí nuestro reconocimiento. El año pasado nos hablaron con ocasión del 40 aniversario de la muerte de los abogados del bufete de Atocha y fuimos muy bien informados. Este año toca recordar el incendio de la sala Scala de Barcelona. Fue un caso aislado (no como otros actuales), pero faltó tiempo para que todos los voceros del Reino le echaran la culpa a los anarquistas. Si nos acogemos a alguna hemeroteca, nos podremos situar y saber que en 1977 un mitin de la CNT reunió a 100.000 personas en Montjuïc y que los días 24 y 25 de julio de 1977 se desarrollaron en el Parc Güell de Barcelona unas Jornadas Libertarias Internacionales que atrajeron a unas 600.000 personas. La afiliación a la CNT, por aquel entonces, se acercaba a los 140.000 afiliados. (Se puede consultar en Youtube más información) | Pues bien, el 15 de enero de 1978, coincidiendo con una manifestación, a la que acudirían más de 15.000 personas, convocada en Barcelona por la CNT para denunciar la farsa que entrañaba la firma de los llamados Pactos de la Moncloa, varios desconocidos meten fuego a la famosa sala de fiestas Scala, donde perdieron la vida cuatro trabajadores, tres de los cuales eran afiliados de la propia CNT. Unos días después la policía presenta a unos anarquistas como los autores de tamaño suceso. Sin embargo todas las manifestaciones anarquistas apuntaron a un nada claro montaje policial detrás de estos sucesos. Con diversos testimonios y pruebas se consigue que sea encausado el infiltrado policial Joaquín Gambín, el”Grillo”, el “Rubio” o el “Legionario”, (que logró fugarse de la prisión de Elche en extrañas circunstancias) y que fue señalado como único responsable e instigador del incendio, en la segunda vista del Caso Scala, en diciembre de 1983. Por lo visto, lo que había pasado es que al Estado español (y muy español) le entró un canguelo que no sabía cómo quitárselo. Hay muy pocas dudas de que detrás de este suceso se encontraba la mano del Estado y que su objetivo era debilitar el movimiento libertario. Así la demonización de este movimiento y el descrédito hicieron el resto. Las resoluciones judiciales, que luego exoneraban a los sindicalistas, ya no tuvieron a su disposición y favor el espejo público con el que sí habían contado todas las inculpaciones al amparo de la maquinaria política y mediática. Como la política siempre tiende a disculparse y a justificarse, el señor Martín Villa, ministro de la Gobernación, nos dijo a todos los españoles: “No me preocupa ETA; quienes de verdad me preocupan son los anarquistas y el movimiento libertario”, que fue lo que declaró entonces a la prensa. Por un lado no se dio cuenta de que las preocupaciones no nos sirven de mucho y, por otro, puede tratarse de suposiciones infundadas o erróneas. Tampoco se dio cuenta de que esta declaración, al menos “in mente”, podría tener una pequeña cuota de apología del terrorismo. Tampoco sabemos si, desde entonces, el Estado Español y sus responsables han hecho un seguimiento y un balance de las lágrimas (incluidas las de don Rodolfo, tras el asesinato de Gregorio Ordoñez, por ejemplo) provocadas por el autoritarismo de ETA, así como de las que nunca saltaron por las acciones de los verdaderos libertarios. Xavier Cañadas Pérez, uno de los encausados y encarcelados durante ocho años por el Caso Scala, escribió un libro explicando que “esta relación de hechos, documentalmente contrastados, arrojan tal cúmulo de datos que permiten afirmar que el Caso Scala constituye el punto de inflexión de una dinámica de represión, concebida y estudiada en los altos niveles del Gobierno, pues dichos hechos escapan a la competencia exclusiva de un estamento, de una sola brigada o servicio policial, de un solo magistrado, de un solo Ministerio”.
josemª |
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