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Sueños de Navidad | | Pedro Biedma. 06.01.18 | | !Papá¡, por favor, cuéntame un cuento de Navidad, uno bueno, de esos que tu sabes que me gustan.“De acuerdo hijo, me sentaré aquí a tu lado, antes debes ordenar todos tus juguetes, que luego mamá se enfada”. Antonio tomó asiento, esperó con paciencia a que Juan recogiese los coches y muñecos que tenía colocados, sin orden alguno, por todo el suelo de su habitación, mientras recordaba con nostalgia, el cuento que su querida madre solía relatarle en estas fechas. Una vez acabada su tarea el pequeño se postró sobre las rodillas de su padre, antes de comenzar, ambos se cruzaron una tierna mirada que definía por si misma el concepto de la palabra amor. Antonio le narró un maravilloso cuento, en el que a los protagonistas, y con la ayuda inestimable de la magia que reina en Navidad, se les cumplían todos sus sueños. | Al acabar, un par de lágrimas caían desde los ojos hasta desembocar cerca de los labios del adulto, mientras el niño, le dió un beso en la mejilla, secó su rostro con sus diminutas manos y comentó “me ha encantado papá, voy a seguir jugando”, tras ello, salió corriendo de la habitación, seguramente en busca de algún otro juego o quizás se dirigió a observar a su mamá, que se encontraba dormida. Antonio, apagó la luz del cuarto, entró en su alcoba, se colocó en silencio su pijama y con sigilo, para no despertar a María, se introdujo con lentitud en la cama. A pesar de sus precauciones, María se despertó, agarró a su esposo de la mano y le preguntó: “¿que has estado haciendo?”, a lo que el respondió sonriente y feliz: “contando a Juanito un precioso cuento de Navidad, uno donde los sueños se convierten en realidad, le ha encantado”, María se acercó hacia él, le acarició el pelo y le dió un beso en los labios, tras desearle buenas noches, tomó su postura preferida para dormir, ahora era ella quién dejaba escapar en silencio un río de lágrimas, a la vez que mordía con fuerza la sábana y pensaba “cuándo será capaz de asumir que nuestro pequeño del alma se marchó al cielo la Navidad pasada”. Transcurridas un par de horas y en ese estado en el que es difícil discernir si dormimos o estamos despiertos, a María le pareció oír el ruido característico de un pequeño coche de bomberos, muy parecido al que emitía el de su querido hijo Juan.
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