
Un par de sacos de serrín –biomasa que se diría en el argot-, decenas de manos pequeñas pero seguras y toneladas de ilusión por metro cuadrado… Estos han sido los recursos desplegados esta semana por los niños y niñas de Primaria para continuar enriqueciendo el ‘Agroaula’ de El Pinar con el abono de las promesas de abundancia en la cosecha de invierno. Proteger lo que tanto trabajo ha costado plantar y cuidar. De eso ha tratado la lección de estos días; una tarea a la que los hortelanos se refieren como ‘acolchar’ la tierra.
Después de tres meses de frenética actividad de campo –en la que no ha faltado el arado, preparación de tierra y retirada de malas hierbas-; en los bancales luce ya el verde de los brotes de lechuga, espinaca, acelgas, coles, borrajas y hasta manzanilla, eneldo, perejil, tomillo, romero, cilantro, aloe vera o lavanda. Si subimos al nivel superior del área de cultivo también veremos claveles, rosas o violetas. Tres estadios de producción –hortalizas y vegetales, aromáticas y flores- que coinciden con las tres ramas de emprendimiento sobre las que gira el proyecto del huerto escolar de este curso. La imaginación, el trabajo en equipo y la acción cooperativa son los motores que impulsan un proyecto colectivo que no para de crecer y enriquecerse temporada tras temporada.