
Estos magníficos personajes, siguen paseando, se han aburrido de estar en las mismas páginas y andan buscando acción. Así que, lectores de 'El cartero del mar', si en este relato encontrarías a 'Mi hermana', dadle un beso de mi parte y..., que vuelva por Navidad.
El trébol de cuatro hojas
Cuando pienso en mi hermana, pienso en los tréboles. Desde que tengo uso de razón, cuando íbamos al campo su afición preferida era buscar un trébol de cuatro hojas y yo por no aburrirme, ya que no tenía con quien jugar, hacía lo mismo. Pero lo que nunca imaginó mi hermana, era encontrarse un trébol de cuatro hojas, sin buscarlo, después de tantos años,... en el suelo, aplastado pero aún con la raíz. No sabría decir si su cara, en ese momento, expresaba felicidad o una tristeza sorprendida en un espléndido día.
Mi hermana se agachó, muy despacio, consciente de la agonía de la pequeña planta, acercó la mano, y le susurró: 'tranquila', y con mucha delicadeza, sus dedos en forma de pinzas levantaron el trébol posándolo con suavidad en un pañuelo de tela, que mojó con unas gotitas de agua de su botella. Mi hermana me miró, esta vez con una sonrisa sincera, como las de ella, 'ves, ya está mejor, es tan fácil hacer el bien'.