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Aumenta el riesgo de accidente nuclear por el envejacimiento de las centrales,
la amenaza terrorista y el cambio climático
Las aseguradoras se niegan a cubrir la responsabilidad civil de las centrales en caso de accidente

Greenpeace. 30.05.07 

La posibilidad de que se produzca un grave accidente nuclear de consecuencias aún peores que el de Chernóbil de 1986, la mayor catástrofe nuclear hasta ahora conocida, se ha incrementado en los últimos años, debido a la confluencia de una serie de factores que afectan negativamente a la seguridad. Ésta es la conclusión del informe titulado Los peligros de los reactores nucleares. Los riesgos continuos que entraña la tecnología nuclear en el siglo XXI, realizado por expertos en seguridad nuclear por encargo de Greenpeace Internacional.

El incremento del riesgo de accidente nuclear se debe a la combinación de una serie de factores como el envejecimiento de los reactores, los fallos propios de una tecnología intrínsecamente peligrosa, la cada vez menor cultura de seguridad de los operadores como consecuencia de la falta de competitividad de la energía nuclear en un mercado eléctrico liberalizado, la amenaza creciente del terrorismo y la vulnerabilidad de las instalaciones nucleares ante los efectos del cambio climático.

"España no es una excepción en un panorama internacional de deterioro sin precedentes de la seguridad nuclear. Nuestra seguridad y nuestro bienestar están en riesgo por culpa de las centrales nucleares. Pedimos al Gobierno que ponga en marcha el prometido plan de abandono de la energía nuclear", ha declarado Mario Rodríguez, director de Campañas de Greenpeace.

El informe analiza todos los tipos de reactores actualmente en funcionamiento, recordando que todos los diseños de reactores, independientemente de su origen, tienen serios fallos de seguridad inherentes, que no pueden eliminarse mediante programas de mejoras. Además, existen una serie de factores internos y externos que pueden reducir aún más los márgenes de seguridad:

Los problemas derivados del envejecimiento y el agotamiento de la vida útil de los reactores. La media de vida de los reactores en operación en el mundo es de unos 22 años, lo que significa que la mayoría están ya al final de su vida útil técnica (en torno a 25 años). Las consecuencias del envejecimiento de una central nuclear pueden describirse a grandes rasgos como dobles. En primer lugar, aumentará el número de incidentes y de sucesos reseñables -incremento del número y frecuencia de las paradas no programadas, fugas, grietas, cortacircuitos debidos a daños en los cables, etc.-.

Las centrales nucleares españolas han batido en lo que va de año el récord de fallos de seguridad, en una tendencia creciente en los últimos años. Desde el 1 de enero de 2007, se han producido al menos (el secretismo del Consejo de Seguridad Nuclear no permite conocer la cifra exacta), 47 sucesos significativos de seguridad en las centrales nucleares españolas, de los cuales, 10, como mínimo, han provocado la parada forzosa del reactor.

El proceso de envejecimiento está llevando a un debilitamiento gradual de los materiales que podría provocar fallos catastróficos de algunos componentes, causando un escape radiactivo de enorme gravedad. El más notorio de estos procesos es la fragilización de la vasija de presión del reactor, que aumenta el riesgo de que ésta se rompa, fracasando así en su función de aislar la radiactividad del exterior y llevando al reactor a una situación gravísima en cuanto a seguridad se refiere.

En España, la media de edad de todas las centrales es de casi 25 años y todas presentan, en mayor o menos medida problemas de envejecimiento. Garoña, la más antigua en funcionamiento, sufre graves problemas de corrosión y agrietamiento.

La desregulación (liberalización) de los mercados de electricidad ha empujado a las empresas con centrales nucleares a disminuir las inversiones en seguridad y a reducir plantilla. Como demostró el escándalo de Vandellós-2 en 2005, la disminución de costes lleva aparejada una reducción de los márgenes de seguridad.

La falta de independencia de los organismos reguladores en materia de seguridad nuclear (como el Consejo de Seguridad Nuclear español)

Los reactores nunca podrán estar suficientemente protegidos contra la amenaza terrorista. Existen diversos escenarios ?además de la colisión de un avión comercial sobre el edificio del reactor- que podrían provocarun grave accidente.

Los impactos del cambio climático, tales como inundaciones, sequías extremas o el aumento del nivel del mar incrementan seriamente el riesgo nuclear. Por ejemplo, en agosto de 2006, la central nuclear de Santa María de Garoña tuvo que parar a causa de las elevadas temperaturas de las aguas del río Ebro del cual depende su refrigeración.

En cuanto a los futuros reactores, denominados de "cuarta generación", aún en fase de diseño, el informe demuestra que, además de tener sus propios y específicos problemas de seguridad, requerirían enormes sumas de dinero para hacer posible su desarrollo, por lo que se duda de su viabilidad comercial.

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