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Las izquierdas | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 14.10.17 | |  No íbamos a ser precisamente nosotros los que nos arrogaríamos el poder de decir por todos los rincones de los eventos, que van cayendo como manzanas ya maduritas, que “Somos la izquierda”. Lo que sí nos podemos atrever a pensar, cuando vemos escrita esta frase o la escuchamos entre el jaleo de sus seguidores, es de qué fecha se está hablando, no de en qué fecha nos lo dicen. El presente de indicativo puede ser histórico, histérico y, como siempre que se pronuncia está en presente, parece que estamos hablando de hoy. El presente, según un amigo nuestro, es “un tiempo abierto”, no se cierra nunca y siempre lo tenemos a mano. El problema nos viene no cuando echamos manos de él, sino cuando lo manipulamos, porque es un tiempo verbal muy sensible, sencillo dócil y hasta humilde. | Quizá tenga la culpa el que nos hayamos puesto a la defensiva con el Partido Popular, que se arroga todos los éxitos posibles y no le consta ningún extravío, aunque sea solo de dinero. Los extravíos pueden ser históricos, geográficos, científicos, sociales, políticos, religiosos... Sin embargo, cuando se camina por la calle del olvido todos los portales nos parecen de la misma época, o sea, la actual, o sea, la de siempre. Todos sabemos que podemos soñar hacia delante y hacia atrás y, como “los sueños sueños son”, nos agarramos a las ensoñaciones como a un hierro ardiendo, aunque se nos quemen las manos. No siempre el dinero está igual de frío, porque se le sube la temperatura y nos puede contagiar su fiebre. Incluso a algunos les quema las manos, aunque no les queme el alma. El fuego eterno de los acaloramientos, el fuego necesario para volver a quemar las naves y obligarse a seguir adelante nos puede traer de cabeza. Y entonces es cuando se nos suben los humos y queremos camuflar y volver a las andadas sobre tantas ascuas, que no sabemos a donde vamos, y nos encaramamos en un discurso absoluto, préstamo de absolutismo y autoritarismo que nos viene de las ínfulas de la dictadura y de sus secuelas y simpatías populares, tan complacientes con los ultras. Pues sí, podemos decir que “Somos la izquierda” y decirlo así de contundentes, como si no hubieran pasado los años, los engaños, los apaños, los daños... Como si la virginidad de las últimas primarias no se hubiera abstenido y se abstiene ya por la cohabitación de los padres del socialismo que, después de haberse ido “a por tabaco” vuelven con los humos de siempre para nublarnos la mente y la memoria. Nos da la impresión, además, que la abstención para que siguiera precisamente de Presidente Rajoy, va dejando paso a un olvido del talante abstencionista y vamos al apoyo que lo engrandece sin hacer justicia con la maquinaria del PP contra aquel Estatuto de Cataluña que propuso y acordó Zapatero, a quien no le faltaron palos en las ruedas de su propia izquierda, y de lo que aquel emérito presidente que nos parece que se llamaba Felipe, ahora no dice nada. “Somos la izquierda” se nos va a clavar como una pesadilla, (porque si el PP ha confundido, una vez más, al ignorante pueblo con la propuesta subliminal de “España somos los del PP”), si va ahora el PSOE de “mariachi”, mientras se recupera del bajón electoral, para volver a las andadas del nefasto y caciquil bipartidismo y como si izquierda hubiera nada más que una y a las demás ni agua. El “Somos la izquierda”, tan absolutista y autoritario y acaparador electoral, nos puede traer malos tiempos, si en la realidad se les desvanece y se convierte con un talante “Popular” (que nos dice “España soy yo”) en una prédica antigua en su forma y fórmula de que “La izquierda soy yo”. Estas dos propuestas, tan emparentadas y amigables, nos pueden traer una reforma de la Constitución, que al igual que todas las leyes del PP, tan caciquiles, nos vuelvan a los tiempos de la privilegiada dictadura, que nos dejó una monarquía que no quería ni para ella y un epígono Partido Popular, que de popular solo tiene el nombre y de demócrata, solo el apellido. Pensamos que “Somos la izquierda”, “de entrada no”, no sea que nos veamos envueltos en unas causas totalmente extrañas para las izquierdas. “Seamos la izquierda” ya nos puede sonar mejor y, sobre todo, si estamos dispuestos a actuar como se está predicando.
josemª |
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