El señalamiento más importante, dentro del cierre de las ponencias, era que las situaciones previamente laborales acababan familiarizándose frente a las que ya estaban familiarizadas y no podían desfamiliarizarse en pos del trabajo. Este hecho se produce por una falta de límites sobre todo en las figuras jerárquicas. Un padre-empresario que impone una Ley Empresarial acaba minimizándola frente a los sentimientos y los afectos que siente frente a su descendencia. Numerosas empresarios tratan de solventar problemas educativos o de inseguridades en la personalidad de sus hijos dándoles un puesto Jerárquico en la empresa. Estas situaciones comunes suelen estar avocadas al fracaso en la mayoría de las veces, ya que cuando hay un desconocimiento del funcionamiento del aparato psíquico, es fácil caer en la tentación de creer en la buena fe y en el buen hacer de la función laboral solo por la existencia de vínculos familiares. Nada más erróneo. Una de las características en la personalidad de cualquier sujeto, es la denominada ambivalencia afectiva. Con ello venimos a definir la relación contradictoria que habitualmente se tiene con los afectos y con los sentimientos. Es complejo de entender que frente a las personas que más nos quieren, se nos despierten afectos contrarios. El amor y el odio, se dan la mano. El sadismo y el masoquismo, podríamos decir que se complementan. La vida y la muerte están en una línea continua siempre con final garantizado y lo masculino y femenino son posiciones en el lenguaje tanto de hombres como mujeres. La cuenta de resultados emocional, tiene que ver con los límites de la cantidad: mucho amor atonta, poco empobrece. Por celos se llega a matar, unos pocos ayudan a competir. Algo de agresividad es necesario para emprender un proyecto, un exceso puede llegar a romper. Y así con cada una de nuestras emociones. Si nos trasladamos al denominado Complejo de Edipo- entendiendo por tal la relación ambigua que todo niño tiene con su padre y con su madre- llegamos a conclusiones muy interesantes. Numerosos hijos que no han logrado vencer la hostilidad infantil hacia el padre, siguen mostrándose rebeldes y autoritarios cuando les dan la oportunidad de trabajar en la Empresa Familiar. Una hija que no logró vencer su rivalidad hacia su madre, difícilmente se doblegara a la autoridad de la misma cuando esté trabajando en la misma empresa. Hay emociones, afectos, sentimientos y comportamientos laborales que son del orden de lo infantil. De manera que cuando nos hallamos en una reunión de Consejo cuyos ocupantes son en su mayoría familiares, tenemos la sensación de hallarnos frente a una discusión en la hora de la comida. Se siguen tratando de la misma manera que lo han hecho durante toda su vida, en el sentido que no se observa una evolución en el trato ni madurez en las formas. Podríamos decir que las relaciones laborales se hallan contaminadas por una emotividad familiar antigua, de siempre, pero que liga a los miembros de la misma familia a permanecer en un orden de vinculación afectiva difícil de gestionar. Uno de los mayores problemas de la ambivalencia afectiva es que puede generar culpa. La culpa, sentimiento inconsciente que padecemos su efectos sin darnos cuenta, acontece cuando nuestros deseos destructivos, asoman por nuestra conciencia. Muchos hijos han deseado la desaparición de sus padres y muchos padres, en algún momento, también se han cansado de la neurosis de sus hijos. Estas realidades, puede llevar a las personas a desear deseos poco éticos. No tanto llevarlos a cabo. Muchas veces, produce más culpa darse cuenta de su existencia. Esto le lleva a la persona autorreprocharse a sí mismo, sentir o querer llevar a cabo actos pocos éticos hacia las personas que quiere. Y es cuando experimenta culpa, castigándose de una manera inconsciente por ello.
Miguel Martinez Fondón Médico-Psicoanalista de Estructuras Empresariales Consultora de Gestión Emocional Grupo Cero Tfno: 91.682.18.95
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