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Los maderos | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 07.10.17 | |  Hace tiempo, nos contó un compañero que, cuando estaba en la Escuela Hogar de Sabinillas, como el material escolar no era muy abundante, hacían algunos paseos por la playa y escogían del material arrojado por el mar en la arena maderos, maderitas, corchos, “cristalinas” y piedras pulimentadas, caracolas, conchas... Con ese material se las ingeniaban y hacían trabajos manuales en el taller de Plástica. ¡Qué arte! Con las “cristalinas” y demás material que secaba pronto se podían hacer composiciones de tipo mosaico. Los maderos eran más difíciles de trabajar, porque había que esperar que se secaran, porque si no se astillaban fácilmente. En las horas de Educación artística, se trataba de construir, no de destruir suicidamente el tren de los Hermanos Marx, al grito de “¡Más madera!”. | En estos días del glorioso relicario español, hemos podido escuchar que nuestro presidente, el más obediente a los mandatarios extranjeros y el menos a los españolitos de a pie, que en sus rogativas al Presidente de los USA, confundía el nombre del señor Maduro (presidente de la olvidada Venezuela) con la palabra “madero”. Lo primero que se nos ocurre considerar es en “qué estaba pensando” y qué pensaba hacer con el personal democrático de nuestra policía. Nos podemos preguntar: “Pero ¿qué “tablón” ha cogido este hombre? ¿A tanto llega el poder? Ya vimos cómo le daba una colleja a su hijo. El panorama español ha sufrido un jibarismo histórico-político que ha olvidado la extensa piel de toro. Si la política es un arte y la economía es una ciencia, aquí lo estamos olvidando, otra vez, y volvemos para atrás. Ya nos lo dijo alguien hace tiempo, que “España es un país raro, porque en política, que es un arte, todos piensan igual; mientras que en economía, que es una ciencia, hay pensamientos para todos los gustos”. No podemos volver a las andadas y maltratarnos una y otra vez, haciendo una reconversión del pensamiento único español y muy español. ¿Con qué arte podemos tratar los asuntos políticos? No precisamente con el arte del Madero Mayor del reino. Se nos puede decir que en los tiempos que corren no nos podemos parar, pero ya sabemos que “para atrás ni para tomar impulso” y mucho menos, si hemos perdido los itinerarios más convenientes, por no oír a los demás artistas de lo político ni al pueblo que es el que aporta los materiales. ¿Qué tiempo se le ha dedicado al arte de la política para sumar? No nos basta que se quiera salir a flote, y dejar a los maderos en el mar para que se sequen solos, o dejar que sean otros los que nos cubran las espaldas, ya demasiado mojadas, de nuestra falta de responsabilidad. Ya el franquismo mimó con demasía a Cataluña, para tenerla tranquila y contenta, y todos sabemos que los hijos mimados terminan trayendo problemas. Con la democracia se le ha seguido mimando a cambio de unos pasajeros y ¿oportunos? apoyos. Y ya sabemos que los mimos conllevan mayores exigencias incluso irracionales. El “arte” de la economía ha permitido que se lo lleven “crudo” y ahora están que no quieren que Pujol mueva mucho las ramas, porque también son madera y pueden desgajarse y hacer que se caigan del guindo muchos políticos. Por otra parte la marca (no el Marca) España ha aireado la solución violenta de los maderos, que hasta se han pegado entre sí, como hemos podido ver. La ceguera de la política y la que se le ha contagiado a la policía, nos ha dejado más que en evidencia ante todo el mundo. La Policía no se merece este espectáculo que se ha visto obligada a ofrecer, porque los que no son capaces de hacer de la política un arte, no pueden romper la baraja o quedarse solamente con el palo (más madera) de bastos (otro madero). Ahora, para rematar (perdón) la faena se culpa de la exageración en el número de heridos, cuando ha habido heridos y no pocos. “Aserrín, aserrán / los maderos de San Juan / los del rey sierran bien / los de la reina, también”. Siempre hemos cantado sin torturas. Lo que sí esperamos es que no nos muelan a palos. De Felipe VI, no decimos nada, porque tendrá que dedicarle tiempo y no poco a la situación y a su propio discurso, después de hojear y ojear todas las sugerencias que el pueblo le brinda. Con Rajoy I, tampoco queremos remover más las arenas movedizas y la mar de húmedas, en las que se ha metido y que ya de por sí lo hunden, porque todavía nos acordamos de la visita del papa Benedicto XVI, cuando la gente coreaba: “Equis, Uve y Palito”.
josemª |
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