|
¿Tomamos un café? -Textos de vainas-
Mi último bar
| | Cuentos y relatos globales. 01.10.17 | | *No juzgues a nadie solo porque peca de forma diferente que tú, recuerda que hasta el diablo es hijo de Dios. A “El Cafetal”, el bar nuestro de cada día. Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Los años son malos, perversos, infames, malvados, pérfidos, canallas, infames,… y lo ponen a uno viejo y oliendo a viejo…son crueles y no nos dejan esperanzas, no nos dejan llegar…y hoy, hoy recuerdo mi último bar y el último beso travieso que allí me diera una puta más decente que una dama cachona, señora ama de casa…Dama, dama, de alta cuna, de baja cama, señora de su señor, amante de un vividor…como dijera la fallecida cantante española Cecilia. En el último bar en que estuve, vivía Carlos Gardel. Lo tenían colgado en una foto, dueño de unos ojos expresivos, de una sonrisa plácida y aplacible, de dientes blancos perfectamente parejos, sombrero negro, de esmoquin presidencial y haciéndole mamola a la muerte que lo mató en Medellín…¡Ah!... y cantándonos “volver” en tono de despedida, fatigada la guitarra en el disco del traga níquel… Era inmortal en el wurlitzer atascado de monedas que lo hacía vivir, vivir y “volver con la frente marchita”… Yo creo que cuando cerraban el bar, Gardel se bajaba del clavo y se iba a la cama a multiplicar gardelitos con todas las putas de mi último bar… | Las putas de mi último bar, eran el centro de todo. Albergaban unos amores de necesidad y de apremios domésticos que sólo Dios sabía; y eran los malandrines a lo Pedro Navaja, sus ángeles custodios, quienes peleaban por ellas en el rebusque compartido de la misma dura vida…y yo, proyecto de intelectual entonces, amigo de sus caderas, esperando que Gardel se cansara y Roberto Carlos cantara “un gato en la oscuridad”, cuando afuera la Luna era llena… Mi último bar olía a María Farina de Roger Gallet (la fragancia masculina de la época de aroma perdurable), y sus luces de neón daban a ellas, a las practicantes del oficio más antiguo del mundo, caras con toques de reinas irreales de desconocida belleza y de desconocida historia aguardando en la misma mesa y hasta la vejez de la vejez al hombre que no llegó jamás… Mi último bar fue recinto de mil voces; voces del piano, del tintineo de copas, del corcho ruidoso del espumoso champan; del barman capaz de contar billetes como contaba en voz alta y con los ojos cerrado las botellas de la cuenta; voces echas risas…voces, voces al aire dirigidas a ningún oído. Mi último bar encerraba miradas alentado a los cristianos con un amoroso guiño de ojos, así como en la oficina el jefe se los guiña a su secretaria que de minifalda muestra muchas cosas y concede muchas otras con agrado de paga… negocio lo uno y negocio lo otro; pecado lo uno pero virtud lo otro… Mi último bar fue sitio de soledades, de soledades entre muchos que allí apagaron una pena, un pensamiento y una lágrima entre las palabras dolorosas de Sandro cantando “El Maniquí”… “Tan solo quedó al fin, el viejo maniquí/ donde probabas tú la seda y el chifón/ que llamo la atención de todo aquel que vio/ tu cuerpo de princesa, y ahora velo ahí, / tirado en un rincón de aquel viejo desván, / guardando la emoción de cosas que no están/ y vuelvo a recordar las horas de tibieza /”… ¡Cómo se envejece! ¡Cómo!...Y ninguna embriaguez tuvo final en él, en mi último bar…bajando por el reseco gaznate la cerveza que un águila vieja vendía habiendo olvidado la carne y la carroña y que a pesar de lo vieja, como las mujeres de mi último bar, continuaba siendo sinigual y siempre igual… …Mi último bar, sí, sitio en el que canté en coro con Leonardo… “Ella, ella ya me olvidó/ yo, yo la recuerdo ahora/ era como la primavera/ su anochecido pelo/ su voz dormida al beso/”… Y Alci Acosta mordiendo la copa rota dejó escapar de su boca y de su alma sangre maleva en el instante en que Gardel, por un instante dejó de tanguear diciendo: “Tomo y obligo, mándese un trago, que hoy necesito el recuerdo matar”… Mi último bar no fue sitio de abolengos, un mismo corazón si estrato, enamorado o traicionado, nos lleva a él en el secreto del aguardiente y del vino, puente entre el dolor y la tristeza… caballeros de fina estampa sin caretas puestas, pecando en la bohemia pura de los poemas de Plinio y de Neruda…aprendiendo para chulos en el desamor de una ciudad que de noche, quería ser París… Ayer pasé por el sitio donde estuviera mi último bar…ya no existe; un almacén de ropa queda ahora allí y, Gardel, Gardel de él con su sonrisa blanca igual que yo también se fue porque… “…es un soplo la vida/ Que febril la mirada, errante en las sombras/ Te busca y te nombra/”… Ya no hay brindis ni tintineo de copas ni voces ni luces de neón en mi último bar…Un recuerdo brumoso de la barra en que me sentara como tribuna, viene a mí en la rencarnación de la misma tristeza, tristeza de Leonardo Fabio y mía cantando… “Ella, ella ya me olvidó”… Y entonces giro la mirada y me doy con el embrujo de unos labios rojos que me amaban y me mataban cuando Sandro así cataba: …“Tus labios de rubí / de rojo carmesí/ presen murmurar/ mil cosas sin hablar/ y yo que estoy aquí / sentado frente a ti/ me siento desangrar/ sin poder conversar/”… Mi último bar con mujeres de minifalda a las que se les veía el alma, ya no existe…, de él se fueron las putas que santas ahora hacen novenarios a María Magdalena y le rezan en latín… Desando uno a uno mis pasos por la misma calle buscando mi último bar y ya no está y enmudezco en las señales de otro tiempo sin música de bandoneón que se llevó a Gardel prometiéndonos “volver”… Mi último bar, refugio fue de decorosas mujeres de tacón vendedoras de placer, Magdalenas sin compañeros que hablaban por igual del costo de un polvo como del costo de la vida musitando canciones de Piero… …“Y todos los días, y todos los días/ la gente laboraba, noche y día, / todos los días, todos los días. / Y todos los días, y todos los días/ los diarios publicaban porquerías, / todos los días, todos los días.../” Mi último bar murió, murió un lluvioso amanecer con apariencia de plegaria en el silencio largo del último borracho que de allí saliera llorando y cantando por dentro… “Ella, ella ya me olvidó/ yo, yo la recuerdo ahora/ era como la primavera/ su anochecido pelo/ su voz dormida al beso/”… Mi último bar murió, murió como mueren siempre los amores: de soledad y olvido…
Walter53pimienta@hotmail.com
|
|
| | <-Volver |
|
|