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Las inundaciones | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 02.09.17 | |  El verano loco, que perdió la razón antes de tiempo, comenzando su “persistente sequía” y que nos ha traído la locura y la enajenación de las inundaciones, se nos está volviendo algo antipático. Por las redes circulan infinidad de chistes, otra inundación, que hacen demasiada gracia, pero que siguen la senda de un optimismo demasiado barato, siguiendo la consigna de “a mal tiempo, buena cara”, que solamente nos resultará válida hasta que el tiempo nos la parta. Pero no hay más que ver las caras de los que lo han perdido prácticamente todo y ya no nos podemos quedar tan tranquilos ni con tan buena cara. El sistema capitalista mueve a sus próceres a acercarse al terreno inundado para salir en las fotos, porque les sobra tiempo de su poco quehacer. Sin embargo, por otra desgracia añadida, “si te vi, no me acuerdo”, y siguen hablándonos de la democracia puntera, que es la madre de todas las democracias, aunque se comporte como la madrastra de las democracias más representativas de sus propios pueblos, como podemos ver, sin ir más lejos, en los casos de Ecuador y Perú, donde las inundaciones han tenido un comportamiento muy distinto. En Perú las aguas también se han salido de madre y no es por el comportamiento de la corriente de “El Niño”, sino por el comportamiento de unos padres de la patria que no los representan. La corrupción ha hecho que se atiendan intereses de multinacionales y no las necesidades del pueblo. El pueblo es paciente y si no, le echan encima la gendarmería, que está al servicio de las élites del poder, y que se convierte en otra arrolladora tormenta que tiene que soportar también el propio pueblo. | Los destrozos producidos por las aguas, que han bajado también turbias, a cuentas del huracán Harvey (“Katrina me generó esperanza; Harvey, frustración”, nos ha dicho una hispana, superviviente de los dos) nos han dejado ver muchos elementos que podemos distribuir en dos grandes contextos. Por un lado se han vuelto a reescribir, y hasta corregir con edición aumentada, los desmanes que se permitió llevar a cabo el huracán Katrina y que ha dejado en evidencia todas las insuficientes atenciones que se aplicaron entonces. Además, la tozudez con la que se sigue negando el cambio climático también es aplicable a las soluciones adecuadas de los problemas que van creciendo, como podemos comprobar, incluso en nuestra casera geografía. No nos damos cuenta de que estamos escribiendo demasiado torcido, aunque los renglones se nos muestren totalmente derechos. Las aguas se hacen cargo de la situación y, a las bravas, no se entretienen en seguir jugando con los meandros y bajan fuertes poniendo derechos todos los cursos de los ríos. Por otro lado hemos podido ver cómo la solidaridad de la gente ha acudido, a bote pronto, a paliar la situación. Incluso algunos países también han participado con sus ofrecimientos. Como siempre se ha dejado aparte la racionalidad, que a veces nos embota el alma y se despliegan, como una edición correctora de “las venas abiertas de América Latina”, impulsadas por “un corazón repartido”, los mejores capítulos de la solidaridad. Pero para las inundaciones de Bangladehs, nada. Es que no todas las inundaciones nos son comunicadas de igual manera. Sabemos también que hay conflictos, entre otros muchos, como el del Yemen, guerra atroz con el añadido de epidemia de cólera, que teniendo también un lugar en el mundo, no tienen un pequeño hueco en las modestas páginas de cualquier edición periodística; no digamos ya en primeras páginas o chupando portada. El poder lo quiere todo para sí y los suyos, incluida la enorme riqueza humana de la solidaridad. Las inundaciones de silencio, de las que son afectos prácticamente todos los medios de comunicación, nos hacen pensar que nuestro mundo no está preparado para corregir los desmanes, y no solo los naturales, que se nos vienen encima. La crecida de silencio selectivo inunda toda nuestra geografía humana y nos habla solo de las desgracias que afectan a las nuevas plañideras del primer mundo, que se duelen solamente de lo suyo y nos ocultan que lo suyo es también ampliar la extensión de las lágrimas allí donde implantan interesadamente su poder calumniador y destructor. Seguimos con el agua hasta el cuello y nos cuesta trabajo respirar y hablar, al igual que a los medios, sobre todo los subvencionados, por la riada de sesgo que engrasa sus rotativas. josemª |
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