|
Los terrorismos | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 19.08.17 | |  No sabemos a ciencia cierta qué mundo nos han dejado, pero nos podemos hacer una idea de qué mundo tenemos, porque entre todos lo estamos haciendo. Lo de hacer es un compromiso tácito o expreso, en el que todos nos encontramos imbuidos ya sea activa o pasivamente. Sin querer, todo nuestro alrededor es nuestro, sobre todo, por lo que hacemos o dejamos de hacer. El tema del terrorismo que siempre está conviviendo con nosotros, aunque sea en pequeñas dosis, nos embarga la vida y nos encoge el alma; sin embargo, ahora que se habla tanto de radicalismos, es hora de ponerse a pensar antes de hablar, de hacernos con un bagaje de informaciones que no estén cargadas de manipulación ni de mantras repetitivos, que nos adocenan cada día que pasa aun más si cabe. | Por las redes circula un “chiste” en que se ve a un padre con su hijo contemplando en televisión el hongo del bombardeo americano sobre la ciudad japonesa de Hirosima. El hijo le pregunta al padre: “¿Qué grupo terrorista ha hecho eso?”. La contestación la sabemos todos, pero para no ser menos a los tres días el mismo grupo bombardeó la ciudad de Nagasaki. Las bases militares de EEUU en el mundo son unas ochocientas, porque están dispuestos a que nadie se mueva y poder estar a tiro (nunca mejor dicho) de cualquier evento que pueda menoscabar su terrible influencia ya sea política, económica o militar. Parece ser que la influencia social le trae sin cuidado. Rusia tiene bases militares en una decena de países, según nos cuenta el ABC, nada sospechoso de disimular o achicar el dato. Después de las barbaridades de Afganistán e Irak, no nos han faltado en estos años las intervenciones, tras las bambalinas, de la mano de la CIA, en los dominios de la llamada Primavera Árabe. Ya tenemos suficientes datos como para, al menos sospechar, que la provocación y el enfrentamiento tienen las mismas raíces y las mismas motivaciones. Se ha comprobado que con la desaparición de Sadam, el mundo no es más seguro (según se nos prometió), sino que ha seguido rodando de asalto en asalto, de sobresalto en sobresalto, pero sin tocar a los amigos del alma israelitas y sauditas, por ejemplo. No podemos olvidar que desde el año 2000 el 80% de los atentados han tenido lugar en países de mayoría musulmana. Las noticias tóxicas que nos meten entre ceja y ceja a diario no tienen de ninguna manera un propósito de paz, sino de justificación de la violencia, y lo que es peor, de la revancha. Con estos mimbres, la hipocresía de los poderes, el servilismo de los amigos del alma, desalmados por el capitalismo cruento y hasta suicida, se adormecen en una paz americana, que no ya romana. Los que preparan la guerra no pueden querer la paz, porque tienen que sacar ganancias de toda la industria puntera de las armas. El terrorismo casero en los distintos países a manos de radicales servidores del llamado Estado Islámico, no es más que una golosina envenenada para que se añore la paz americana, además de dejar en ridículo la euforia que nos llegaba de las estaciones de escudos antimisiles. Quienes construyeron una nación a base de sangre nativa no tienen autoridad moral para propuestas pacíficas ni ecológicas ni saludables, porque en sus manos la gangrena avanza y además se extiende por todo el mundo. Todos sabemos que el terrorismo es de ellos y las víctimas, nuestras. Tampoco podemos confundir terrorismo con una religión o una ideología, porque nos lo digan. Los prejuicios, las simplificaciones y la ignorancia van de la mano, pero hacia el abismo. Sin embargo, nos sirve de aliento que en Seattle haya tenido lugar una grandísima manifestación a favor de los derechos humanos y en contra de las veleidades fascistas que vuelven a surgir, por si no estuviéramos ya bastante intranquilos. En EEUU y en todo el mundo se multiplican las manifestaciones. Si con Obama el mundo no ha sido tampoco seguro, porque quien manejaba el cotarro era la Clinton, con Trump necesitaremos enormes esfuerzos para que no se nos suban a las barbas los hitos que ya vemos que son difíciles de desterrar, si no tenemos los ojos muy abiertos, los oídos atentos y la boca libre para denunciar en compañía los desmanes del poder. No podemos dejar de alzar nuestras voces ante las maquinaciones del poder que sólo sabe engrasar la maquinaria del odio y el enfrentamiento, porque de ello depende su injusto pan y sustento. josemª |
|
| | <-Volver |
|
|