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Los prolíferos | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 09.07.17 | |  En una sociedad como la nuestra, que sonríe una “hartá” en todas las noticias y en todas las escenas de micro en mano, cuando los medios se acercan a la gente de la calle, que la mayoría de las veces sonríe, porque se ponen de los nervios y le sale una risa nerviosa que no deja aflorar las penurias que pueda haber detrás o debajo, se nos viene encima cada dos por tres el insigne tema de la población de España. Todo esto sin contar que se filtran o se escogen las entrevistas que son voceras de la voz de su amo. No se pueden permitir el más mínimo desliz en esta sociedad tan “franca” y confiada. Podría ser un suicidio del adoctrinamiento subliminal y también descarado. Es verdad que la población activa de España está descendiendo, pero no es verdad que sea solo, porque aumenta el número de personas mayores, que, además, está dejando chiquita las cifras de nacimientos. El éxodo sigue, no porque sobren los mayores, sino porque se nos van los jóvenes. | Desde siempre las derechas, liberales ahora donde las haya y que no nos faltarán, nos repiten cansinamente que España tiene que aumentar el número de nacimientos. Desde los premios de natalidad de la Dictadura Española y muy española, cuando España se desangraba de hombres y mujeres que emigraban, siempre ha sido una labor patria el tema de la natalidad. (De paso se puede ver en Google “Natalidad y Natividad”). El discurso no varía y casi es de obligado cumplimiento la consigna de que los españoles tenemos que tener más hijos (v. gr. desde Isabel Tocino, entonces, hasta Albert Rivera, hoy). Pues si quieren hacer patria que esos hijos de más los tengan ellos. Muchos dirán que este discurso, que siempre “vuelve” a la patria por Natalidad, no se escucha ahora. Es verdad, pero se ha modernizado, porque hay que estar acorde con los tiempos, si bien nos parece que los tiempos nos lo están marcando tanto por las mañanas, como por las tardes y, ni que decir tiene, por las noches, las ansias del capital, que no desaprovecha ni una ocasión, si ve que en un lugar y, en cualquier tiempo que vea, la considera como una oportunidad de negocio. Sin ir más lejos, hasta el ocio se ha convertido en un gran negocio. Pues nos sucede que, para que su padrino político no quede en evidencia, Albert se sube al carro de la “natalidad subrogada”. Hay que recuperar el tiempo perdido, si bien muy aprovechado por otro negocio como es el de los anticonceptivos. Claro está, que si esta industria de la anticoncepción no hace negocio con las parejas que no pueden tener hijos, habrá que pensar, sin abandonar los mecanismos del mercado, en alternativas, por supuesto, comerciales. De esta manera se alza la bandera de otra externalización, un nuevo producto como es el asunto de las madres de alquiler. ¡Qué mentes escrutadoras de las posibilidades de la humanidad, explotadoras como nunca de las riquezas naturales, concesionarias de las indulgencias que nos conducirán a un mundo mejor! Señoras y señores prolíferos (portadores de prole en la lengua), que llevan en sus semblantes las señas de identidad de un discurso prolífico, no se recatan de lanzarnos consignas y consejos, ya que viven del palique, por lo menos y en el mejor de los casos. Alejamos de nuestras cabezas las sospechas de corrupción. Si el capitalismo funciona y se construye sobre la explotación, ¿qué más da una original recalificación de un terreno y un territorio, aunque sea humano? Los defensores de los emprendedores, ahora la emprenden con una nueva y antigua usanza del trabajo por cuenta ajena, que ahora insisten en abrir un nuevo mercado que consiste en el empleo de mujeres reproductoras. (Ya en el franquismo a los trabajadores se les llamaba productores, para despistar). Aparte del histórico y triste episodio de los bebés robados, siempre ha habido una salida solidaria con la adopción de verdaderos huérfanos, de niños maltratados, de abandonados, de víctimas inocentes de las guerras (que no cesan), de supervivientes de la imparable hambre... La agencia de Ciudadanos defiende el tema, porque lo considera de trascendencia social. Como si no hubiera muchísimas actuaciones sociales que están más que pendientes y desatendidas. Pensamos que no se puede mercantilizar a la mujer de esta manera. Otro día podemos ampliar el tema. Sin embargo, desde la “concepción” (mental) de ciertas propuestas, los prolíferos acaban obsequiándonos con buenas “paridas”. josemª
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