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Las calores | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 24.06.17 | |  Cuando aprietan las calores, el personal se quita de enmedio, aunque algunos por tal de remojarse (no de mojarse), se van a la playa a pasar más calor. ¿Qué será lo que nos está pasando que nos tomamos las calores con una filosofía positiva y alegre? Algunos nos dicen que esas intervenciones tan alegres y positivas sobre el verano están manipuladas o, al menos, filtradas, para que se demuestre que el pueblo no lo pasa tan mal. Estamos rodeados y embadurnados de filtros, incluso solares, que hacen que no nos acaloremos por nada. Bueno, por nada que verdaderamente importe, aparte del folklore, el fútbol y otras distracciones más o menos genuinas del quehacer español, muy español y mucho español (y mudo español: “¿se nos ha comido la lengua el gato?”). Las calores empiezan con el acaloramiento de “El Rocío”, en el que desde 2007 se nos han muerto unos ciento treinta caballos. “¿Adónde va Vicente? A donde va la gente”. Y se acaloran en ir. Hay calores que duran toda la temporada y en verano, cuando ya no hay liga, nos acaloramos con los fichajes. ¡Vaya fichajes de español y muy español y mucho español! | A la orilla del mar, cuando San Juan enciende las candelas, crepitan de alegría nuestras voces y saltan nuestros cuerpos y luego, por lo menos, nos mojamos los pies en la mansa orilla nocturna, a donde se acercan las humildes y cansadas olas, con sus abatidas aguas por el trajín de tan largo día. Federico García Lorca nos alertó desde Nueva York: “Cuando la Luna salga, / las poleas rodarán para turbar el cielo; / un límite de agujas cercará la memoria / y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan. Nueva York de cieno, / Nueva York de alambre y de muerte”. ¿Qué nos hubiera pasado si a Miguel Carcaño, tan perito en aguas, se le hubiera dicho: “Bájate al río con los bomberos y los civiles y les ayudas a buscar el cuerpo de tu amiga. Son solamente ocho horas diarias de trabajo con tus acreditadas aguas”? Quizá, el sopor del aburrimiento en la plácida cárcel no habría emborrizado su memoria con ningún tipo de melaza. Pero el aire acondicionado puso condicionamiento a su olvido. El aire acondicionado nos reseca a todos la garganta, nos hace enmudecer y nos evita cantar a su debido tiempo. Podría haber pasado que los vaivenes del agua del río se hubieran encargado de refrescarle la memoria. Todos sabemos que las parábolas no son actos de fe, sino ejemplos y cuentos cortos, que pueden funcionar para ayudarnos en nuestro entender, cuando se nos presentan dudas, dificultades o dilemas. Y he aquí, que nos hemos encontrado, por el camino de esta democracia, ante un sinnúmero de actos (históricos, por cierto) de memoria o submemoria, totalmente forzada, que trataban de sacar agua de donde parece ser que no había nada para llevarla a su molino. Necesitaban remover las aguas del respetable, que parecía necesitar que le refrescaran la memoria. Nos referimos a cómo ha ido obrando la memoria, ni histórica siquiera en este caso, de muchos que han ido sacando chistes perdidos en las redes y los han aireado hasta llegar a los tribunales. Los mismos han entendido mal una obra de títeres para adultos, (fueron los adultos los que no la entendieron) y, con su memoria en ristre, la llevaron también a los molinos de los tribunales. ¡Qué sed! Luego, “si te vi, no me acuerdo”, porque se pasaron las calores, pero dejaron las cortinas de humo; otra amnesia. Las calores, poco habituales, que nos asedian en estos días a todos, a pesar del primo de ése del que ustedes nos hablan, parece que han afectado sobremanera a los amigos del alma que han tenido que ir a declarar en estas fechas. La calina ha nublado la vista y ha resecado, ante los tribunales, las neuronas más éticas y responsables de las verdades y ninguno se acuerda de nada. Las calores hacen que los videntes y providentes nieguen las evidencias. Entre nieblas, o tinieblas, no hay quien dé pie con bola sobre la recuperación de la memoria, cuando Bárcenas ya había dado más que suficientes pistas como para no irse por las ramas, las cuales se pueden quebrar con la “pertinaz sequía”. Además, las agendas perdidas les permiten contar con tiempo de sobra. “Cuando el río suena, agua lleva”, pero si no nos llega el agua al cuerpo y nos embargan las calores, quizá pueda ser un acierto que algunos puedan pasar una notoria temporada a “la sombra”, para que se les refresque la memoria. josemª |
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