Quedó ya atrás el tórrido verano que en algunos momentos estoicos
creíamos imposible de superar y hay que volver al trabajo y quehacer
diario. Ocurre también en nuestro caso y consigo nos trae el reencuentro con
este portal de internet alhaurino que me vincula aún más si cabe con
esa pasión confesable que en mi vida es Alhaurín de la Torre: Lugar
donde reí y lloré, donde pasé noches inolvidables, donde me reencuentro
conmigo mismo en cada visita y espero seguir teniendo presente hasta el
resto de mis días. En ese reencuentro que trajo consigo un repaso al alhaurin.com de este
verano, hubo un artículo que bajo el epígrafe de “Monolitos, monumentos
y homenajes” llamó considerablemente mi atención.
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Y es que siempre la cabra tira al monte.
Por ello, centré mucho mi atención en este artículo con sabor a historia. En este alegato sobre la memoria histórica y a raíz del cual y como reza en mi cabecera me gustaría de realizar algunas consideraciones.
He de comenzar diciendo desde este instante que me sumo a esa proposición decente y hermosamente provocadora de recordar a esa gente que configura el campo de trabajo de esa vertiente de nuestro pasado que esta llamada a convertirse con nuestra labor, la labor de los investigadores y la de los interesados, en una disciplina respetable.
A ella, pongo en disposición mi humilde batería de saber y de labor hecha hasta hoy.
Pero amén de ello, me gustaría de aumentar aún más si cabe ese canto a favor de la memoria histórica.
A favor de algo justo, aunque algunos, como un querido amigo de mucho más saber que pelo y de sangre bien morá más que roja, se empeñe en alentar que las cosas se queden como están.
Y hacerlo no solo como apasionado de la historia, sino como persona.
Como quien se crió escuchando que su abuelo se llevó a la tumba además del cariño de los míos en su vida, la pena de no saber nunca de su hermano por el único delito de ser anarquista.
Hacerlo, como quien vio a su tía abuela morir con 91 años y estar diciendo semanas antes que si su marido volvía alguna vez después de haber desaparecido continuarían su historia de amor por el mismo minuto que la habían dejado.
Hacerlo, como quien hace poco vio a su abuela, que hasta poco antes de morir lamentaba en voz alta que la vida y sus hechos le habían privado de su cuñado.
Hacerlo en definitiva por que creo que es justo que todos en el final de sus días deben de tener un reconocimiento.
Tanto lo creo como pasión tiene puesta esa búsqueda que hace algunos meses inicie de mi tío abuelo.
Por que busco saldar esa deuda moral de mi familia.
Por que quiero que mi sobrino no herede el minúsculo pero siempre presente regusto amargo de saber que nunca podrá saber sobre alguien que es sangre de su sangre.
Y es que la memoria histórica debe continuar.
Por que no puede quedar en los cajones, en el pozo de los justos y preso de polvo y olvido la historia de centenares de personas.
Por que todos tienen derecho a saber que paso con gentes que son más que un nombre y dos apellidos.
Por que este país no puede mirar atrás con un poco de vergüenza y cabeza baja en algunas páginas del libro de su vida.
Por todo ello, la memoria historica debe seguir.
Con la humilde y paciente labor de los que estamos en este mar y el interés de los que desde la orilla planteaís un caudal de dudas que nos animan a seguir.
A seguir inclusive cuando cese ese interés gubernamental en muchos casos partidista e interesado que busca justificar a lo mejor como en su momento fueron los primeros en abandonar y ahora, sin escrúpulos ni conciencia, proponen que en Casas Viejas haya vía libre para que se construya el Hotel La Libertaria haciendo un reclamo turístico del drama de mucha gente que pusieron punto y final a su vida a la par que luchaban por lo justo y lo mejor para ellos y los suyos.
Y es que todo ello es verdad.
Tan verdad como aquellos que se dedican a contratar letrados como personal de confianza para bregar con la oposición, mientras que se callan cuando el funcionario apasionado amante de la historia y del pasado propone estudiar la procedencia de huesos hallados en las cercanías de la necrópolis municipal en la creencia de poder regalar a miles de familias del municipio el saber que entierra alguna pena que va en la maleta de sus días desde hace tiempo y alienta a seguir trabajando en pro de esa cacareada memoria.
De esa que debe de estar presente, que parió este artículo de renglones torcidos y que debe perdurar por los siglos de los siglos como el mejor regalo para las generaciones futuras dentro de una historia en estado puro, sin lagunas y sin sombras.
Dentro de La HISTORIA con mayúsculas.
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