Desde un principio hemos estado peleando por nuestros derechos con la poca experiencia que tenemos en este tipo de lucha obreras, ya que lo único que hemos sabido hacer toda la vida es trabajar por Ros Fotocolor.
Durante un mes y medio no hemos faltado ni un día laborable a la puerta del laboratorio, más que nada como un acto simbólico para demostrar que todavía somos trabajadores de la empresa.
En estos días ha habido de todo dependiendo del estado de ánimo o según las noticias que nos llegaban desde Madrid o desde el propio comité. Entiendo que en algunas ocasiones se han podido perder las formas y sin lugar a dudas esto nos perjudica, porque el fin que pretendemos no justifica dichas formas de actuar. También es verdad que estando en la situación en la que estamos, indignados y con los nervios a flor de piel, cualquier gesto por parte de la empresa se coge como una provocación y falta de respeto hacia la causa que defendemos. No trato de justificar ningún comportamiento, pero sí reconozco que los ha habido desafortunados por ambas partes.
En esta semana estamos esperando la resolución por parte del delegado de trabajo de Madrid que puede ser la aceptación del expediente y todos a la calle, o la no aceptación y todos a trabajar, y, sinceramente, sería un gran problema y no lo digo por la relación que pudiera existir dentro del laboratorio después de estos días de reivindicaciones, sino por el trabajo en sí: porque hay que reconocer que posiblemente no hay trabajo para todos y la situación sería insostenible.
Una de las primeras pancartas que escribí decía: “¡Por un despido digno!”. Por esta reivindicación recibí críticas por todos lados: comité de empresa, compañeros, sindicatos y empresa. Se me achacaba que yo sólo quería dinero y no mi puesto de trabajo, el tiempo ha demostrado que de todas las pancartas escritas es la más lógica y de cumplirse lo que se pide en ella habrían sido beneficiados los trabajadores y la propia empresa, ya que se habrían negociado los despidos y posiblemente de los 19 afectados nos habríamos ido algunos sin ningún problema, y otros se habrían quedado trabajando, ya que se ha reconocido que el número de trabajadores expedientados aquí en Málaga ha sido excesivo.
De haberlo hecho así, se habrían ahorrado muchos problemas y la imagen de la empresa no habría quedado tan dañada de cara a los clientes como está en estos momentos. Por lo tanto entiendo que de todo esto saldremos perdiendo todos: la empresa y nosotros los trabajadores. Sólo me queda animar a mis compañeros afectados y decirle que el mundo no es sólo Ros Fotocolor y que saldremos adelante.
Reiterar mi agradecimiento a todas las personas que nos han animado y apoyado en estos difíciles momentos. Carlos Martín Povea |