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¡Los votos! | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 21.05.17 | |  Todos sabemos que no siempre “está el horno para bollos”, porque si se calienta en demasía, los bollos salen quemados, y no digamos unos “violines” de pan, como nos contó un día un amigo nuestro que se los hizo una tía suya y salieron hechos carbón. Con el calor de la democracia, hay veces que no está el horno para votos. Por todos lados salen encuestas que unas veces se utilizan para ir respaldando a un partido y otras, para meter miedo a la gente y que, por aquello de “Virgencita, que nos quedemos como estamos”, el personal no sale de la rutina ni de la ruina, y, en general, puede aceptarse que la ruina, por mor de la rutina. se convierta en un destino. Llevamos una temporada que estamos asistidos, si no sitiados, por elecciones. Sin ir más lejos, hemos tenido una doble ración de elecciones presidenciales en Francia. Nos hemos dado cuenta de que el personal está un tanto confundido con todos los cantos de sirena de las campañas electorales con sus excelentes promesas y sus ineludibles avisos de que viene el lobo. Después de los dimes y diretes, después de manifestaciones y mítines, después de encuestas y previsiones, la gente habla, comenta, se informa y se hace un lío en la cabeza, porque no siendo todo igual, parece mucho de lo mismo. Llega el día en que se montan las urnas y la noche en que se comunican los resultados. Incluso durante todo el día se han estado haciendo cábalas, las conversaciones se han aliñado con preocupaciones y llega la catarsis final y el “de buena nos hemos librado”. | Las elecciones de Francia han dado un balón de oxígeno a la Unión Europea, aunque no a la unión de los europeos, porque a muchos les falta hasta el aire, con su ración de oxigeno. Se han lanzado a los cuatro vientos el gran éxito de Macron y la victoria pírrica de Marine. Sin embargo, analizando más de cerca y con más detalle, el pueblo ha hecho lo que ha podido, pero no por ello ha dejado translucir que no confía mucho en los políticos. Así, si por un lado nos comunican el éxito de Macron, casi doblando a Marine en número de votos, por otro podemos ver que los porcentajes son más esclarecedores, ya que nos revelan todos los ingredientes del “éxito electoral”. Ateniéndonos a los datos, que vienen adobados de un gran optimismo, podemos considerar que hay que ir con cuidado para no quemarse los dedos. Los datos claros de que Macron ha conseguido el 66% de los votos, número diáfano y hasta elegante, que supera así con creces las expectativas, no se pueden mirar solo con relación al 34% de Marine, porque no son números absolutos, sino relativos. Hay que tener en cuenta que la abstención, la mayor desde 1969, remueve con su poder esas cifras. Así aplicando el correctivo, matemático y democrático, de la abstención, los porcentajes bajarían al 49.5% y al 25.5% y si se aliña con los casi cuatro millones de votos nulos y blancos, que tampoco querían ser representados por ninguno de los lideres en liza, un 11% de los votos (no de la población), la representatividad bajaría al 43.6% y el 22.3% respectivamente. Por lo que el 33.1% de los franceses no quería a los dos candidatos que cantan “victoria”. Podemos observar que el bipartidismo, tan tradicional él, está de capa caída, y además, nos lo ha dicho, hace pocos días, el geógrafo y ensayista Christophe Guilluy: “Los partidos tradicionales se crearon para una clase media que ya no existe”. (Podemos pensar que es porque se la han cargado). “Macron y Le Pen son similares en su visión del país”, nos dice. En España, el bipartidismo ha estado haciendo el mismo juego, no importando quien tenía la “responsabilidad” de gobernar y quiere seguir haciéndolo, a pesar de que los tiempos están ya en otras fechas. Podemos comprender que estamos ante una situación en que se ha precarizado el trabajo, y la fractura social ha abierto una enorme brecha entre los de arriba y los de abajo, entre algunos ciudadanos y el pueblo. Los de abajo cada día son más y con más diversidad de problemas y menos expectativas. Los tiempos cambian, y si en su tiempo se criticó, como herejía, la unión de la hoz y el martillo, porque el fundamento de la revolución era el proletariado industrial, hoy se está fraguando la variopinta y numerosa sociedad de lo precario que ha fagocitado a la clase media, frente a una élite del privilegio, que tiene bulimia de votos y que después los regurgita a su capricho y conveniencia. Nos falta cultura y cultura política, aunque no nos olvidemos de la corrupción. josemª |
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