
El valor no es algo puramente subjetivo, ya que es objeto de argumentación racional. No existe una dicotomía tajante entre hecho y valor. El gran filósofo norteamericano Hilary Putnam la critica en su libro el desplome de la dicotomía hecho-valor y otros ensayos. Parte de la acertada afirmación de la imbricación de los hechos y valores éticos en la realidad cotidiana y en las acciones que se realizan y en las conductas y decisiones.
Es evidente que los juicios están condicionados por la cultura y el contexto social, pero buscan la validez objetiva. Y es algo lograble con racionalidad y capacidad de análisis desde un enfoque ético coherente que respete la dignidad humana.
Como escribe Putnam «La solución no es ni abandonar la posibilidad misma de discusión racional ni buscar un punto arquimédico, una “concepción absoluta” ajena a todo contexto y situación problemática, sino –como Dewey enseñó a lo largo de toda su vida- investigar, discutir y tantear las cosas de una manera cooperativa, democrática y, por encima de todo, falibilista». Y la aplicación de la imbricación de los conceptos éticos densos con las actitudes o conductas económicas pertinentes es una tarea que puede producir enormes beneficios sociales.