
Las personas con enfermedades crónicas y los jubilados y prejubilados no deberían tener ningún copago. Por numerosas razones, ya que es más que suficiente con pagar todos los medicamentos que no entran en el seguro y que pueden suponer una gran o considerable parte de la pensión a la que tienen derecho.
Además, la cotización debería ser más alta para las personas que más dinero ganan en sus trabajos. Parece de puro sentido común. No hace falta elaborar sesudos razonamientos y argumentaciones para convencerse de ello.
Lo que, a mi juicio, no es justo es que al existir un cierto número de personas que gastan de forma excesiva en fármacos, los demás tengan que pagar para compensar las cuentas de la Seguridad Social o del sistema sanitario.
Los derechos de segunda generación o sociales y económicos deben garantizar el bienestar económico de todos los ciudadanos, porque la dignidad humana es un valor esencial que no puede ser destrozado con
planteamientos que recortan el poder adquisitivo de capas de población
que viven en situaciones socioeconómicas más delicadas.