
Más de un millar de personas refugiadas y migrantes viven en condiciones inhabitables e inseguras en tres campos de Elliniko (Atenas). Las mujeres y niñas corren riesgo de sufrir violencia sexual y de género. Las autoridades deben facilitar urgentemente a la población residente alojamientos alternativos adecuados, tras realizar una consulta real, con el fin de cerrar los campos.
Más de un millar de personas refugiadas y migrantes, muchas de ellas menores de edad, viven en condiciones terribles e inseguras en tres campos levantados en dos antiguas sedes olímpicas y en la terminal de llegadas de un aeropuerto en desuso de la zona de Elliniko de Atenas, la capital de Grecia. La población residente de estos campos, en su mayoría de Afganistán, vive en tiendas desde hace más de un año, soportando condiciones higiénicas y sanitarias muy precarias, con aseos y duchas insuficientes y una intimidad limitada. Los residentes se quejan de la presencia de ratas y cucarachas. Los agentes humanitarios que trabajan en los campos informan de la existencia de problemas graves de salud mental como depresión, ansiedad e intentos de suicidio, agravados por las condiciones de los campos. “Todo el mundo pierde la cabeza en Elliniko”, dijo una refugiada a Amnistía Internacional en marzo.