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Las aguas | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 23.04.17 | |  Hace algún tiempo, escribimos un artículo sobre el planeta Agua, que no Tierra. En estos tiempos, de sequía, en los que no nos llega el agua al cuerpo, estamos viendo que nos afloran las alergias, nos molestan los picores, y hasta nuestras manos se vuelven torpes para poder coger un poco de agua que no esté privatizada. Ya lo dijo el presidente de la Nestlé: “El agua no puede ser pública”. Si el mundo dejara de consumir sus productos, le sobraría tiempo para reflexionar y también le sobraría agua embotellada. Hoy, sabemos que el liberalismo es demasiado libre y que no siente ni pizca de vergüenza en lanzar a los cuatro vientos todas sus ocurrencias, como si todo el mundo fuera suyo. Al parecer está dispuesto incluso a embotellar el aire para que no tengamos que tomarnos la molestia de respirar por nuestra cuenta. Y todo porque solo piensa en sus cuentas. | En nuestra tierra patria ya están saliendo a la superficie más de un negocio que hace aguas, después de haber acaparado el dominio de las aguas. Las aguas del Canal de Isabel II no son las primeras que han salido a flote, empujadas por el estancamiento de las empresas, que se han confundido de caudal y lo han convertido en fuentes de dinero. El nombre del Canal nos puede resultar un tanto premonitorio, ya que fue Isabel II la que rompió aguas muchas veces y, según sabemos, dicen que todas fueron bastardas, pues su cauce dejaba a las leyes orilladas y las dejaba en peligro de caerse y ser arrastrada por la corriente, como un Narciso autocomplaciente que no ve nada más que su propio espejo (especulación). Es verdad que es difícil liquidar el famoso Canal, pero, al parecer, se ha salido de madre y ha llegado hasta Panamá, siguiendo unos cauces y veneros que no estaban a la vista y que habían aprendido de nuestro famoso y picaresco Guadiana. En nuestra tierra patria, no todos los terrenos son impermeables y, en las oquedades oscuras, filtran cualquier tipo de elemento que van liquidando sin dejar a la vista el discurrir tantos beneficios como nos puede aportar el líquido elemento. Hay, por lo visto y lo oído, elementos que están dispuestos a que en España no solo se pase hambre, sino también, sed. Desde el principio de los tiempos el agua fue fuente de vida, sin embargo se nos está yendo de las manos el agua y, por ello, la misma vida. Siempre se ha dicho que “nunca llueve a gusto de todos”, pero de ninguna manera nos debería consolar el que el agua caiga siempre y solamente a gusto de unos pocos. El problema se nos acrecienta, cuando el agua corre totalmente a gasto de todos, y, además sin enterarnos cómo fluyen los beneficios por cauces particulares y llueve en nuestro patio (¡cómo está el patio!), donde, como mucho, se moja solamente la mitad, dejando la otra mitad más que seca. Hoy día, casi seguro que hasta Moisés se hubiera quedado con el agua. Las aguas del mar son saladas, y con su sal y su yodo, nos ayudan a mejorar en nuestra alegría y salud. Pero como necesitamos agua, y agua dulce, en la cuenca del Mediterráneo, pues nos montamos unas desaladoras, para poder abastecernos por el agua que nos niega el cielo. Hasta aquí, todo marcha bien. Sin embargo, la mano del hombre se mete en faena y no le importa que se evaporen unos cuantos euros, por aquello de que el calor aprieta y hay que ponerse a la sombra de alguien. Dicen que no es difícil contratar con una empresa que cuesta más que muchas otras y así el concurso sale adelante con la mejor. Lo que pueda surgir después, ya veremos si está a disposición de una buena liquidación. Lo importante será no meter la pata para no salpicar, que luego los vecinos se quejan. Las manos parecen ser más discretas. El poder de las aguas es devastador y todos sabemos que no respeta ni las escrituras, si es el caso que a alguien se le ha ocurrido construir muy cerca de un antiguo cauce. También pudimos comprobar, hace tiempo, que en el Norte habían desaparecido unas cantidades enormes de carbón y que le echaron la culpa al agua, porque cuando el agua se pone furiosa, no hay nadie que le pare los pies, mejor dicho: los litros. Ya sabemos que el agua tiene mala fama, pero, como dice el refrán, “el agua todo lo lava, menos la fama”. Todos los días son buenos para aclararnos, pero con la que está cayendo nos tenemos que preguntar, como dice un amigo nuestro: “¿Quién está limpio, a pesar de tanta agua?”. josemª |
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