
Ser cofrade es una manera de vivir durante todo el año. Se puede ser o no ser cofrade; se puede entender o no entender el sentir cofrade, pero sería absurdo no entender que la Semana Santa se ha convertido en un sector, <<el sector cofrade>> del que dependen a su vez otros sectores como el turístico, el del comercio o la hostelería entre otros, que inician o como mínimo duplican las contrataciones de un mes normal.
La Semana Santa es arte, cultura, tradición y, gracias a ella, viven escultores-imagineros, artesanos del bordado, músicos, pintores, historiadores, orfebres, diseñadores, carpinteros, soldadores, costureros, fotógrafos, ebanistas, floristas y jardineros, sastres, bazares y tabernas cofrades, ténicos de montaje, auxiliares, diseñadores gráficos, transportistas, maquetadores, pasteleros y cientos de personas que nos dedicamos a la comunicación como periodistas, publicistas y relaciones públicas, cronistas-redactores, asesores, locutores, técnicos de imagen y sonido... Todos al mismo nivel de importancia para que el sector cofrade funcione, avance y prospere. Si a los cofrades les va bien, al turismo, a la hostelería y al comercio les irá bien.