
El miedo volvió a estar presente en el centro de Londres. Parece que es muy difícil evitar completamente los atentados terroristas. Aunque el corazón de la capital del Reino Unido está muy protegido por las fuerzas de seguridad esto no supone que no pueda producirse un acto de terrorismo. Los muertos y los heridos nos recuerdan que la seguridad es relativa y no absoluta.
Porque las acciones violentas repentinas son imprevisibles, ya que no se puede controlar a cada persona que está en Londres, si se piensa en que la población de esta gran ciudad es de unos diez millones de habitantes.
El azar y la mala suerte pueden ser algo decisivo para que, por desgracia, tres personas hayan muerto sin contar al terrorista. Esto pone de manifiesto la fragilidad de la vida humana ante la violencia feroz del fanatismo terrorista. No se sabe todavía con certeza, si es una atentado yihadista, pero puede que sí o, al menos, tiene aspecto de serlo en el momento en el que escribo este artículo.
El miedo que han sufrido los ciudadanos y turistas que estaban en esos momentos en la zona más emblemática de Londres ha sido observado en las tomas de los informativos de las diversas cadenas de televisión y es perfectamente entendible.