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Las leyes
Jose Maria Barrionuevo Gil. 26.02.17 
“Yo soy un hombre del campo. No entiendo ni sé de letras. Y si, y si vienen a cobrarlas...me salgo por la otra puerta”. Esta canción, con letra de Emilio El Moro, nos la recordaba, estas semanas de leyes y de juicios y de sentencias, como tantas otras, un amigo, que nos decía que él no sabe de leyes. También nos decía que “mientras más gatos más ratones” y que “mientras más leyes haya, más peor”. Parece ser que nuestro amigo no se ha enterado de lo bien que funcionan algunos países y, sin ir más lejos, el nuestro, por lo que nos dicen muchos medios y algún que otro presidente de este Gobierno. Sin embargo, hace algún tiempo, el presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo (TS) nos aseguraba que "Tenemos un modelo de ley de enjuiciamiento criminal que está pensado para el robagallinas pero no para el gran defraudador; no para los casos como los que estamos viendo ahora donde hay tanta corrupción".
Es verdad que la letra de la canción ya está pasada de moda, pero nos ofecía, ya entonces, una salida “honrosa” cuando nos hablaba de la otra puerta, o puerta giratoria, invisible en aquellos tiempos, ya que siempre se ha usado la puerta de atrás, que de suyo era más discreta.
También es verdad que las letras a las que se refería el humorístico cantante Emilio eran las letras de cambio, documento mercantil, que un deudor (librado se llamaba) había firmado y que se obligaba a pagar en una fecha determinada, en la que se le requería la satisfacción de la deuda, o pedazo de deuda, suscrita. Sin embargo, lo importante no eran las letras de las letras, sino los números que parecían estar marcados a fuego. Como sabemos, Emilio no se refería a las letras de las canciones, que también suelen dar el cante muchas veces.
    Nuestro amigo, que no entiende de letras, sabe algo de números y nos ha contado que en algunos medios y en las redes sociales están dándole, un día sí y el otro también, con unas noticias llenas de números, que si no le sorprenden, por lo menos le llaman la atención y que además les obligan a comparar unas cantidades con otras. Así, nos ha podido contar algunas cuentas interesantes. Nos dijo que se había enterado por las redes de que se  condenó a un joven a tres años de cárcel por robar una bicicleta. Por otro lado, a alguien le han caído cuatro mesecitos por guardarse un solomillo de 68€urazos. Nuestro amigo está que se sale y no para de largar y hacer comparaciones con los números que les llegan por los cuatro costados, y a todo coste, desde los sumideros de la alta economía que suma por un lado y resta por otros muchos.
    Sabemos que estamos en tiempos de carnavales y que en los coros, en las murgas, en las comparsas, en los cuartetos, en las chirigotas... el pueblo se desahoga, y con todas las razones, de todo lo que le están echando desde arriba y todo lo que les están quitando los de arriba. Sabe el pueblo que sus administradores no le son fieles y aprovecha todo el repertorio carnavalesco para decir esta boca es mía y, además, lo hace con más gracia, sin engolamiento ni trascendencia ni trastienda. Aunque, a veces, la trascendencia de los administradores produce más hilaridad de la que se merecen, por sus lapsus linguae, con demasiada frecuencia calamitosos por añadidura, cuando no entienden ni su propia letra, aunque sean premiados por su oratoria o cálido verbo, como se decía antes. Además nos podemos preguntar ¿quiénes son los calígrafos oficiales de tales letras?
    Montesquieu murió el 10 de febrero de 1755 y nos ha dejado unos cuantos días aparte, tras su aniversario, para nuestra consideración y así le podamos recordar como el autor de “El Espíritu de las leyes”, leyes que parecen estar pasando una mala racha. Si bien el autor hace una descripción de las diversas formas de gobierno que se daban en su época, con su propuesta de la separación de poderes  denuncia y combate el despotismo y el absolutismo.
    El “Espíritu de las leyes” no es el espíritu de la golosina, por más que un gobierno caprichoso se exaspere en tomar las leyes como una de sus preferidas golosinas.
    Una amiga nuestra, que sí entiende de letras, de leyes y de números, parafraseando el tan manido discurso del gobierno de que “la justicia es igual para todos”, nos ha podido decir:  “La justicia es igual para todos y las leyes, tampoco”.

josemª  
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