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Los congresos | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 19.02.17 | |  Desde siempre resuena en nuestros oídos aquellas palabras bíblicas de que “muchos son los llamados y pocos los escogidos”. Así es como siempre se cierne sobre nuestras cabezas la costumbre de la convocatoria de cualquier congreso. Se acude en compañía, avanzamos, al parecer todos juntos. Así es como son congregados en un lugar, que además, para empezar, no es gratuito y que tiene que satisfacer a todos los congresistas y, también, a todos los espectadores. Los congresos, como todos sabemos, son unos eventos que congregan a la “crème de la crème”, lo mejor de cada casa, de la casa grande, por supuesto, para avanzar todos juntos. Pero, claro, no siempre todos los congregados, todos los congresistas, se definen por avanzar y juntos. Veamos cómo se nos ha mostrado el panorama congresual y cómo nos preparamos para los futuros congresos, porque siempre los habrá. Espectadores y hasta expectantes somos. Hay congresos de muchas clases, y así tenemos congresos de educación, de medicina, de psicología... En pocas palabras: hay congresos de todas las ciencias y hasta congresos políticos, aunque no sean totalmente científicos. El que sean poco científicos no les quita nada, porque, como se ha dicho, se pretende encontrarse de nuevo con los viejos camaradas y convenir en avanzar todos juntos, ya que se trata también de progresar y no de mirar atrás y con cierta ira. | Hemos tenido noticias de un congreso exprés, que en un pispás, se ha resuelto con su dosis, nada pequeña, de autobombo y platillo, y que, al parecer, no era ni urgente ni casi necesario. Lo que pasa es que como “la necesidad hace virtud”, era muy necesario el virtuosismo mediático para no quedarse entre bambalinas y no chupar cámara, ya que el ser cuarto en el ranking político no tiene maldita sea la gracia, por tener bastante sombra. Hay que darle a los focos y a las cámaras, aunque no sean la Cámara del Congreso. Y hete aquí que se hizo la luz, o la luminaria, porque “juntos ganamos el futuro”. Y, como el futuro es nuestro, ya sabemos que no hay más que discutir. Otro congreso, que ha sido el primogénito, por así decirlo, y el mimado, por parecer hijo único (de un tiempo pasado que no cesa), ha tenido todas los aditamentos, incluida la magia, de la famosa cena del bíblico Baltasar que quería construir una torre para quitarles los tronos a los mismísimos dioses y que puede apropiarse la leyenda de aquel friso, durante la cena, que rezaba “todo está medido, contado y pesado” para que los congresistas supieran de qué iba el talante de los temas. El que haya habido dos disidencias no le merma para nada el monolitismo que se ha erigido, como para siempre. No nos vale el lema “España adelante”, porque, a pesar de contar con “nuestras” autopistas, durante el camino se deja a demasiadas criaturitas de España en las cunetas. El congreso de Podemos, en la siempre sonriente Vistalegre, ha seguido un guión democrático, si bien ni todos han pedido que llueva ni ha llovido a gusto de todos. Es verdad que ha habido más participación, pero sería bueno que creciera la participación para demostrar que hay madurez y entusiasmo en vez de cierto aburrimiento o desgana. Si la unidad permanece, siempre será más atractiva, si saben superar las diferencias, que deben ser consideradas como riquezas y no como un universo de cicaterías. Si la unidad resulta generosa, siempre cabrá la posibilidad de compartir también las alegrías. Si el compromiso es capaz de amueblar bella y adecuadamente la casa de la unidad, la casa de todos, se abrirán las ventanas para que entre la luz y se puedan abatir, de camino, las puertas giratorias. Y no solo las puertas, sino también las despensas y dependencias de un poder que vive del pueblo, aunque el pueblo, que contribuye a su buena vida, no pueda vivir. Para el próximo Congreso del PSOE, esperamos que la “gestoría” sepa tramitar el arreglo de los motores y después los vayan calentando para arrancar por lo menos. Por lo más, será frustrante que una vez más el congreso siga con una línea de “digresiones”, que enmascaran con promesas lo que no están dispuestos a conceder, y en vez de hacer un discurso y una acción de progreso sea un regreso a las andadas: niego para que entiendas que los que siempre hacemos discursos negativos no procesamos las negaciones, como les pasa a los niños pequeños. Siempre sabemos conceder que la procesión va por dentro y que no hay más cera que la que arde. Pero podrían evitar el incendio. Es lo de siempre: sólo la voluntad y afán de congreso del pueblo podrá hacernos progresar.
josemª
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